TROLLEANDO HATERS
Un vídeo grabado desde Andorra ha colocado a Marina Rivers en el centro de la conversación. La creadora de contenido simuló haber cambiado su residencia fiscal al Principado, utilizando un tono claramente satírico para señalar una de las polémicas más recurrentes del ecosistema influencer: la mudanza de creadores a países con menor presión fiscal.
Todo comenzó con una afirmación aparentemente directa: Marina Rivers aparece en Andorra y anuncia, sin rodeos, que los rumores son ciertos y que se encuentra en el Principado. El planteamiento, deliberadamente ambiguo, bastó para que el vídeo se propagara con rapidez por redes sociales.
A lo largo del vídeo, la influencer construye un discurso que imita los argumentos habituales de quienes justifican su traslado fuera de España. "Me he cansado de pagar el 47 por ciento, quiero pagar un 10", afirma en uno de los fragmentos más compartidos, en alusión directa a la diferencia entre la fiscalidad española y la andorrana. La frase, lejos de plantearse como una confesión real, funciona como una caricatura irónica de un debate que lleva años instalado en el ámbito digital y que tiene que ver con los comentarios negativos que la influencer ha recibido estos días.
Rivers continúa elevando el tono irónico con referencias explícitas al estilo de vida asociado a Andorra. "Aquí me puedo permitir tres chalets", señala, exagerando los beneficios económicos de la mudanza para subrayar el contraste con la realidad de la mayoría de ciudadanos. También alude a otros argumentos recurrentes, como la seguridad o el entorno natural.
El vídeo no pasó desapercibido para quienes siguen de cerca las polémicas entre creadores. Muchos interpretaron el contenido como una respuesta indirecta a debates previos, entre ellos el enfrentamiento verbal que Marina Rivers mantuvo en su día con Ricky Edit, influencer residente en Andorra. .
Pese a que el tono humorístico se hace evidente conforme avanza el vídeo, la publicación ha generado críticas de todo tipo. Algunos usuarios han acusado a la creadora de banalizar un asunto complejo, mientras que otros han celebrado la forma en la que pone el foco en una práctica habitual dentro del sector. La propia Rivers termina despejando cualquier duda sobre la literalidad del anuncio, reforzando la idea de que se trata de una broma construida para provocar reflexión.
Más allá de la polémica puntual, el episodio vuelve a evidenciar hasta qué punto la fiscalidad de los influencers y streamers sigue siendo un tema sensible. La viralidad del vídeo confirma que, incluso cuando se aborda desde la sátira, el debate continúa generando incomodidad, apoyos y rechazo a partes iguales.