CRÓNICA

Carlos Ares conquista La Riviera y supera todas las expectativas

El cantautor gallego es uno de los artistas de moda en nuestro país gracias a dos discos, Peregrino de 2024 y La boca del lobo de 2025, absolutamente soberbios. Este enero ha llenado tres veces la mítica Riviera de Madrid ante un publico entregado confirmando que lo suyo va mucho más allá de tres singles.

Qué bonita esa sensación de cuando todo encaja y un concierto sale redondo, como el que vivimos este sábado 17 de enero con Carlos Ares en La Riviera. El artista coruñés, nacido en 1997, llevaba más de una década dedicándose a la música, publicando canciones pop que no tuvieron un gran impacto y trabajando como compositor para artistas como Marc Seguí, Luna Ki o Paula Cendejas.

Pero todo ha cambiado mucho y muy rápido en los últimos tres años, con un giro hacia el folk rock que le ha sentado de lujo. Una ascensión a los altares de la música española gracias a sus discos Peregrino (2024) y La boca del lobo (2025), aplaudidos tanto por la crítica como por el público. A mí ya me habían enamorado canciones como Días de perros, Rocíos, Aquí todavía o La boca del lobo, pero me faltaba confirmar en directo si todo el ruido positivo en torno a este artista se sostenía y si, más allá de cuatro canciones, su propuesta funcionaba sobre un escenario.

La respuesta ha sido un sí rotundo. Carlos Ares acaba de llenar tres noches consecutivas la mítica sala La Riviera de Madrid dentro del festival Inverfest, que cuenta con el apoyo de Vibra Mahou, la plataforma musical de Mahou Cinco Estrellas que impulsa experiencias cinco estrellas en torno al directo.

Las expectativas se cumplieron con creces en un concierto en el que la comunión entre Carlos Ares, su excelsa banda de seis músicos —Marcos Cao (guitarra y coros), Begut (guitarra y coros), Tony Finu (bajo), Sergio Delgado (teclado), Christian Delgado (batería) y Mikaela Vázquez (violín, pandereta…)— y un público entregado a la causa fue total.

Me encanta cuando un artista tiene la osadía de arrancar tocando tres de sus canciones más potentes: Días de perros, Aquí todavía y La boca del lobo. Y lo mejor es que, lejos de bajar la intensidad después, el concierto se mantiene arriba durante todo el recorrido.

Se nota claramente que Carlos Ares ha llegado para quedarse y que estas canciones, en próximas giras, sonarán en la parte final de los conciertos. Especialmente La boca del lobo, cuya melodía fue coreada por el público en varios momentos del show.

Un concierto redondo de 20 canciones y casi dos horas de música en el que el rock mezclado con folk y toques de psicodelia puso al público a saltar, corear y emocionarse entre la alegría colectiva y la emoción contenida. La escenografía, con una casa de fondo y un tejado de paja, reforzaba esa imagen folk, celta y con un toque medieval que define el imaginario del artista gallego.

El momento más emotivo llegó en el valle del concierto, con los siete músicos en primer plano del escenario y en formato acústico para regalarnos Terrícola, Mineral y Collar, una canción que no puede ser más preciosa y que se ha convertido en una de mis favoritas.

Después, con Importante, la intensidad sube un peldaño; con Velocidad volvemos a lo más alto, ya preparados para el cierre con Rocíos, la estelar Peregrino y Páramo, con la que puso punto final al concierto. Uno de esos directos en los que las canciones y los músicos generan tanta intensidad y conexión que no se echa en falta que Carlos Ares apenas se dirija al público durante el show. Presentó a la banda al final y nos quedamos aplaudiendo cerca de cinco minutos.

Muchas ganas de seguir escuchando lo próximo que lance Carlos Ares y de seguir viéndole crecer y conquistar escenarios cada vez más grandes. Tiene un sonido y un directo potente, claramente diseñados para ser cabeza de cartel de festivales y llenar arenas.

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