ANANDAMIDA

Entrevista a Sôber: "Los grupos de rock siguen vendiendo y arrasando con todo lo que ponen encima de la mesa"

Entrevistamos a Sôber en el UMusic Hotel de Madrid por el lanzamiento de su nuevo disco Anandamida. Carlos Escobedo, Jorge Escobedo y Manu Reyes nos cuentan todo sobre este trabajo, el boom que está viviendo el metal alternativo de los 90 y algunos de los grandes éxitos de su extensa carrera entre otros temas.

Decir Sôber es hablar de una de las columnas vertebrales del rock y el metal en España. En un ecosistema musical donde las modas mutan a velocidad de vértigo y los proyectos nacen y mueren en cuestión de meses, que la banda madrileña siga no solo en pie, sino con una energía demoledora 30 años después, es un auténtico triunfo de perseverancia, identidad y devoción por la música. Tres décadas de riffs afilados, melodías inolvidables y una conexión inquebrantable con varias generaciones de fans que ahora pueden disfrutar de Anandamida, su duodécimo álbum de estudio.

Para cualquiera que haya nacido en los 80 como yo y que haya crecido escuchando rock, metal y punk en los 90 sentarse con una banda tan mítica es uno de esos momentos de "pellízcame que no me lo creo".

Con motivo del lanzamiento de Anandamida, tuve la suerte de compartir mesa y conversación con Carlos Escobedo, Jorge Escobedo y Manu Reyes en el marco del UMusic Hotel de Madrid. Un encuentro íntimo y distendido donde nos sumergimos de lleno en las tripas de este nuevo trabajo: el significado detrás de la molécula de la felicidad, las arriesgadas decisiones de producción y el giro sonoro que han implementado en la batería y la electrónica sin perder un ápice de su pegada característica.

A lo largo de la charla, los miembros de Sôber hacen balance de tres décadas de trayectoria, recuerdan himnos generacionales como Loco, Arrepentido o 10 años, y reflexionan sobre cuál es el secreto para sobrevivir a los vaivenes de la industria y el paso del tiempo.

30 años después, las guitarras y el rock de Sôber siguen sonando fuerte con Anandamida, vuestro disco número 12 de estudio. ¿Qué significa y qué inspiró este trabajo?

Carlos: Anandamida es la molécula de la felicidad, y hemos querido hacer el paralelismo con un poco lo que sentimos nosotros cuando estamos haciendo música: componiéndola, interpretándola e incluso ensayándola. Yo creo que la música para nosotros marca un poco ese momento de encontrarnos a nosotros mismos y saber un poco para lo que uno ha venido aquí, ¿no? Y decir: «Tenemos nuestro propósito, al final es hacer música». Y yo creo que la anandamida es esa molécula de felicidad que nos resuena en la cabeza cuando vibramos justo al mismo nivel que la música.

Pero las letras tienen también siempre ese toque pesado, ese toque emotivo y ese toque Sôber en canciones como Dile al miedo...

Carlos: Ahí va. Yo creo que justo lo que va buscando: cuando tú apartas el miedo de tu vida, aparecen un montón de cosas que realmente estaban ahí para ti, pero tú no las veías porque realmente esas montañas, digamos, borrascosas no te dejaban ver lo que había detrás, ¿no? Y creo que además el videoclip también hace un poco esa mención a ese desierto, ese momento por donde pasa un poco el narrador del videoclip, que no deja de ser ese momento de conexión contigo mismo. Ya pueda ser por esa chamana, o ese peyote, o esa ayahuasca que de alguna manera nos evita dejar de ver esos miedos y empezar a encontrarte a ti mismo, ¿no? Precisamente para eso, para encontrar tu momento de felicidad y no regalar tu libertad a un momento que realmente te está asfixiando, sino decir: "¡Hostia, esto no es tan importante como parece!". Y yo creo que nosotros, a la hora de hacer el disco, hemos utilizado esa técnica, ¿no?: de quitarnos los miedos y los prejuicios que quizá pueda tener un grupo ya que lleva mucho tiempo haciendo música. Parece que hay unos clichés y algo de lo que como que no puedes salirte mucho, ¿no? Y cuando rompes todo eso y sales de ese círculo de confianza, aparecen un montón de cosas diferentes. Yo creo que el disco es un fiel reflejo a ese momento de apartar el miedo y dejarte llevar, y lo que ha salido pues es eso, Anandamida.

¿Sonoramente el disco tiene algo diferente, algo ajeno a vuestro sonido habitual?

Carlos: Sí que hay un cambio bastante sustancial, ¿no?, porque queríamos no dejar esa potencia que sí que tienen las guitarras o tiene la batería de Sôber, pero a la vez también hay momentos de inclusión de elementos electrónicos. Ahí está Rubén haciendo parte de bases electrónicas y parte de sintetizadores, que quizá en otros discos estaban un poco más alejados. Aunque no lo parezca, dices: "Hostia, lo que conforma un poco esas guitarras y le da ese lazo de unión con la voz es esa parte de sintetizadores que sí que están ahí presentes", no a un nivel muy, muy potente, pero también la batería y el bajo se han encontrado en otro punto, ¿no? Y creo que Anandamida tiene un concepto mucho más orgánico. Creído en que la tecnología avanza mucho, pero nosotros tenemos un sonido ya como muy orgánico, y potenciar eso era un poco el valor añadido que también se le iba a dar al disco, sin salirnos, por supuesto, de lo que nos gusta hacer.

Manu: Pues sí, la verdad que la forma de grabar la batería en este caso... hemos arriesgado, hemos buscado otro punto que siempre lo hablábamos en otros discos. Y bueno, al final, a la hora de grabar las baterías siempre tenemos mucha contaminación de lo que son los platos, y hemos querido experimentar y arriesgar en ese sentido utilizando platos electrónicos, donde hemos conseguido que la batería tenga una limpieza absoluta. Que por el micro de los timbales, caja y tal no haya ningún otro elemento que se cruce, y eso nos ha permitido potenciar la batería a un nivel bastante importante y que ha dado base a que el sonido del disco sea más arriesgado, buscando otro enfoque. La verdad que lo hemos conseguido, ha sido algo muy interesante y, sobre todo, que el objetivo se ha cubierto arriesgando.

Sois una banda incombustible que ha sobrevivido a 30 años, varios cambios, la trágica muerte de Alberto Madrid, un parón de 5 años que dio vida a grupos y proyectos como Savia y Skizoo, o la última incorporación de Juan Sánchez como guitarrista. ¿Cuál es el secreto para seguir, por un lado, vigentes y, por el otro lado, unidos?

Jorge: Yo creo que es muy sencillo: la motivación. Levántate por la mañana, dar gracias, estar agradecido con lo que hacemos, disfrutar de ello y tener un público exquisito como tenemos ya durante 30 años hace que tenga sentido lo que hacemos. Disfrutamos e intentamos conectar con el público año tras año sin desmerecer ni dejar atrás un poco nuestra esencia, nuestra filosofía. Y bueno, seguir, como decían mis compañeros, seguir evolucionando, seguir experimentando con nuevos sonidos, con nuevas canciones, pero simplemente no perder un poco la orientación y los pies: estar siempre aterrizando, es decir, estar siempre con los pies en el suelo y pensar que somos muy afortunados por lo que hacemos y sentirnos eso, sentirnos plenos y satisfechos con lo que hacemos.

Está volviendo con fuerza a revivir toda la ola de metal alternativo de mediados de los 90 a principios de los 2000. ¿Sentís que está volviendo esa música?

Jorge: Indudablemente es así. Lo que pasa es que nosotros tenemos una percepción quizás un poco diferente: para nosotros nunca se fue, simplemente dejamos de sentirnos apoyados por los medios de comunicación. Pero el metal, el heavy y el rock han estado muy, muy palpables siempre ahí, ¿no? Conciertos multitudinarios, como tú nombras, ha habido ya hace décadas. Entonces sí es verdad que hay un resurgir, porque esto suele ser cíclico, digamos, pero la sensación que tenemos es que no nos hemos ido, estamos ahí, ¿no? Y los grupos de rock siguen vendiendo y arrasando con todo lo que ponen encima de la mesa. Yo creo que el público necesita esa energía, necesita vivir el directo, necesita esa parte más orgánica. Está muy bien la electrónica, está muy bien la música que de pronto, de unas décadas para acá, nos han hecho pensar que era la continuación de la música, que iba a ser un poco el futuro, ¿no? Yo creo que el rock está palpable, está vivo, está real y nos lo está demostrando. Lo que pasa es que es verdad que siempre hay generaciones que se van sumando, el gigante por edad, ¿no? Entonces estamos disfrutando de ello porque estamos viendo que el público de Sôber cada día es más joven, y eso hace que nos sintamos un poco... no en esta zona de confort, pero sí que nos sentimos como esa continuidad que tuvimos hace quizás 20 años, 25 años, y que sigue ahí, ¿no? Entonces, bueno, simplemente, como te decía antes, somos muy afortunados.

¿Cuáles fueron vuestras influencias al surgir y os sentís más ligados a esos grupos anglosajones del metal alternativo que al rock español de los 80?

Carlos: Hombre, bebimos, por supuesto; yo creo que todo nace ahí, ¿no?, de escuchar a bandas como Barón Rojo o incluso Barricada, Los Suaves y demás. Pero sí es verdad que yo siempre en la cabeza tenía otro concepto. Entonces, cuando realmente tenía claro lo de montar una banda que hiciese este estilo, soy yo el que pone el anuncio, y te voy a decir los nombres: eras Stone Temple Pilots, Alice in Chains, Tool y Rage Against the Machine. Montar una banda y con esos títulos, o sea, ya directamente había un objetivo como muy, muy marcado, porque realmente venías de escuchar esa música. Pero realmente lo que te estaba llamando la atención eran todas esas bandas que mezclaban, pues como ocurría con el caso de Tool o Stone Temple Pilots, que mezclaban grandes riffs de guitarra con una voz muy melódica, muy marcada con melodías y con letras mucho más intimistas y utilizando metáforas. Y yo creo que por ahí es como surge Sôber, ¿no? Incluso tanto la temática de las letras como la forma de vestirnos o de plasmarlo. Me acuerdo de que en los primeros conciertos nosotros hacíamos una performance en directo donde nuestro amigo Ángel, con unos plásticos, salía en pelotas pintado como saliendo de un feto, o sea, ya estábamos intentando marcar esa historia justo al poquito de juntarnos, ¿no? Buscábamos que también nuestros directos tuviesen esa parte un poco más transgresora que a lo mejor habíamos visto en bandas más americanas. Pero es verdad que por un lado nos llevamos muchas críticas muy negativas porque al inicio toda la prensa, sobre todo, no sabía dónde encajarte: un grupo que cantaba en castellano, con mucha melodía pero con guitarras cañeras. Entonces al final decías: "¿Esto qué es, heavy, es pop?". Y había muchos medios de comunicación que no sabían dónde encajarte. Pero quizá se dio la vuelta y justo fue la parte más original, ¿no?, decir: «¡Hostia, pues me parece original porque entiendo lo que dicen!». Y a partir de ahí, cuando sale Morfología, es cuando un poco marca también el inicio, digamos, de lo que era el sonido ya más característico de Sôber.

Os tengo que preguntar por Loco, que es esa canción que no puede faltar en vuestros conciertos. ¿Cómo surgió y qué cuenta esa historia?

Carlos: Bueno, pues «Loco» surge... es de las canciones que podemos decir que surge en una tarde. Esta canción es que, cuando estás inspirado, surge en una tarde. Empieza un riff, empieza una melodía, empiezas a escribir una letra... y al final surge todo de un desamor, por supuesto, ¿no? Es una canción donde alguien se vuelve loco porque ve que justo en ese momento hay un clima raro en el ambiente y ve cómo poco a poco la ruptura está presente, o sea, ve cómo se está, digamos, interiorizando eso que va a ocurrir, ¿no? Y entonces es un momento donde ya se vuelve loco. Por eso es una canción que también tiene ese punto, a nivel rítmico y a nivel de letra, un poco de volverse loco. Y por eso nosotros la utilizamos como final de concierto, porque es el momento donde ya lo das todo y nuestro público lo da todo, y se ha convertido un poco en el emblema de que, cuando se toca «Loco», ya no se toca ninguna más.

Manu: Para mí, la canción más especial es Arrepentido. ¿Por qué? Porque yo soy del 84 —tú decías que eras del 83— y yo con Arrepentido conocí a Sôber. Yo por suerte pues estoy ahora en este lado, pero para mí fue una canción que me marcó porque, sobre todo, por lo que decía antes Carlos: las letras, la estética, pero el sonido... Yo, que venía de escuchar pues eso, grupos de un rock más americano, y claro, escuchar a un grupo de España con ese sonido, a mí eso me impactó, me impactó mucho. Y desde ese momento, para mí Sôber formó parte de mi vida musicalmente, y para mí Arrepentido fue eso: es la canción más especial porque fue con la que los conocí y a día de hoy pues puedo tocar Arrepentido.

Jorge: En mi caso, y sin ninguna duda, «10 años». Ese grito de libertad, ese grito de decir "soy libre como el aire que respiro". Estábamos viviendo un momento muy, muy épico, ¿no?, en nuestra carrera musical. Veníamos ya de ser reconocidos, quizás un poco más masivos de públicos o festivales con mucho renombre, y de repente tener una canción que era ese grito de libertad, esa puerta abierta un poco a la esperanza de estar en Los Ángeles masterizando un disco y llegar con eso a España a decir: «"Oye, escúchame, que venimos de hacer lo que hacemos, pero de repente escucha esto, ¿no? Que son 10 años de carrera los que llevamos ya, que para muchos acabamos de empezar, no nos ha venido el éxito recientemente, no; llevamos 10 años gritando un poco", ¿no?

¿Hay alguna canción del repertorio, de esas que hayáis tocado mil veces, que os hayáis cansado de tocar?

Jorge: Sentimientos encontrados. Hay canciones que son indudablemente himnos y estandartes en la banda, y otras canciones igual que las disfrutamos mucho aunque hayan sonado menos, quizás, ¿no? Pero bueno, yo creo que mira, una cosa que estamos ahora mismo poniendo encima de... digamos, en esta gira, es que va a haber canciones que no se han tocado nunca en directo, va a haber repertorios diferentes en sitios diferentes. Incluso en Madrid hemos anunciado ya que hacemos dos fechas y que cada día va a haber un repertorio totalmente diferente. Un poco producto de lo que tú comentabas: hay canciones que indudablemente tienen que sonar, pero también se puede hacer indistintamente en sitios diferentes, ¿no? Entonces, bueno, disfrutamos mucho con lo que hacemos y queremos que cada canción que se muestra en directo sea válida.

Distasteis un concierto especial con amigos en 2025. ¿Qué fue ese concierto y qué significó para la banda?

Jorge: Bueno, ese concierto, digamos, de alguna manera pone fin a esa tercera década de Sôber. Y lo queríamos hacer, pues bueno, alrededor ya no solamente de las bandas que surgen en esos momentos, en esos espacios donde Sôber se toma el descanso, sino también de compañeros que han pasado alrededor nuestro, ¿no? Porque contar, por ejemplo, con Leo Jiménez, o con Kutxi de Marea, o Antonio de Arde Bogotá, Andrés Suárez... o sea, gente que incluso forma parte de nuestras vidas, muy roquera, aunque ellos personalmente hacen otro estilo musical, ¿no? Y eso también me parece algo bonito, que siempre Sôber ha tenido muy claro que nos gusta mezclarnos con gente que nos aporte y que también se salga un poco de lo que estamos tan acostumbrados. Pero ese fue un momento como el final, ¿no?, de esa tercera década, y yo creo que nos vino fenomenal el haber hecho balance de esos 30 años a la hora de construir este nuevo disco. Porque con toda esa información —que parece mentira, ¿no?— es como también recapitular de dónde vienes, coger todo y decir: "¿Y ahora esta cuarta década cómo nos la vamos a tomar, qué vamos a hacer?". Entonces yo creo que es ese momento de reflexión que nos ha venido muy bien a la hora de afrontar los directos. Por ejemplo, como comentaba Jorge, el tener setlists diferentes donde haya canciones que entran y salgan, donde nosotros mismos también tengamos la motivación de no tocar todos los días lo mismo, porque está claro que hay canciones emblemáticas que yo creo que ninguno nos hemos cansado —no, por lo menos, no lo hemos manifestado de decir «tío, estoy hasta la polla de escuchar esta canción», no lo hemos dicho nunca—, pero sí es verdad que dices: «Oye, ¿y si sacamos “Blancanieves” pero metemos “Encadenado”? ¿Y si sacamos no sé cuál y metemos... hostia, de ese disco podemos rescatar...?». Entonces también eso nos hace valorar de dónde venimos y conformar un poco un repertorio con la época más moderna de Sôber sin olvidarnos de la música de donde venimos, ¿no? Y no siempre los singles, los singles, los singles... que joder, que están muy bien, pero que a nosotros también nos motiva tocar canciones que bueno, que se han quedado un poco más en el tintero. Y eso creo que hace también que nosotros estemos más activos, que tengamos la necesidad de ensayar, de en la prueba de sonido probar alguna porque hace 20 días que no la tocamos... Y ese tipo de cosas yo creo que mantienen la llama y la chispa del grupo.