COMIENZA EL JUCIO
Los abogados del Departamento de Justicia acusaron a Live Nation y Ticketmaster de operar un monopolio ilegal sobre lo que dijeron es una industria de entretenimiento en vivo "rota" en las declaraciones de apertura de un juicio de alto perfil que podría resultar en la ruptura de la enorme compañía de venta de entradas, que ha negado las afirmaciones de los fiscales.
La industria de los conciertos tal y como la conocemos podría estar a punto de saltar por los aires. Esta semana ha arrancado en un tribunal federal de Manhattan el juicio más esperado por cualquier fan de la música: el enfrentamiento directo entre el Gobierno de EE. UU. y el gigante Live Nation Entertainment. El fiscal David Dahlquist ha sido demoledor en su apertura, asegurando que la industria está "completamente rota" y que la culpa es de una sola empresa que actúa como un rodillo monopolista sobre artistas y seguidores.
El núcleo de la batalla reside en las famosas (y odiadas) comisiones. Según la acusación, Live Nation y Ticketmaster se embolsan una media de 7,58 dólares por cada entrada, una cifra que deja en ridículo a cualquier competidor. Los datos presentados por el estado de Nueva York van más allá y estiman que, debido a esta falta de alternativas, los fans han estado pagando sistemáticamente un sobrecoste de casi dos dólares por ticket. Es el precio de no tener libertad para elegir dónde comprar.
Sin embargo, la defensa de Live Nation no se ha quedado atrás. El abogado David Marriott ha calificado estas acusaciones de "infundadas" y ha intentado humanizar las cifras asegurando que, tras los gastos operativos, la empresa apenas se queda con 2 dólares limpios por entrada. Para la compañía, Ticketmaster no es el villano, sino el mayor aliado de los artistas, recordando que en 2025 facilitaron que 159 millones de personas pudieran asistir a sus conciertos favoritos. Según ellos, su éxito no es fruto de la coacción, sino de ser los mejores en lo suyo.
Uno de los momentos más tensos del inicio del juicio ha sido cuando la fiscalía ha atacado la tecnología de la plataforma, afirmando que está "sujeta con cinta americana". El ejemplo estrella ha sido, cómo no, el desastre del Eras Tour de Taylor Swift. Mientras el gobierno sostiene que la empresa ha descuidado su infraestructura para centrarse solo en crecer, Live Nation se defiende alegando que los fallos en la venta de Taylor fueron culpa de ataques informáticos y de una demanda humana nunca antes vista.
Lo que se está juzgando aquí no es solo una mala gestión web, sino un modelo de negocio que el Departamento de Justicia considera abusivo desde que Live Nation y Ticketmaster se fusionaron en 2010. Se les acusa de usar los estadios que poseen para chantajear a los artistas: o usas su promotora o no tocas en sus recintos. Si los doce miembros del jurado dan la razón al Gobierno tras las seis semanas que durará el juicio, podríamos ver la división forzosa de la compañía, un terremoto que cambiaría para siempre el precio y la forma de ir a un concierto.