PRIMAVERA SOUND
El presidente del Gobierno coordinó un viaje exprés a Barcelona para ir al Primavera Sound que ha generado muchos comentarios por coincidir con la visita del papa León XIV. Pedro Sánchez disfruto de algunos conciertos y compartíó charlas con Damon Albarn, Amaia y los triunfitos Martín y Juanjo.
El paso del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por la jornada de clausura del Primavera Sound ha generado un intenso debate que trasciende lo musical. Lo que comenzó como una aparición sorpresa en la agenda oficial, notificada a media tarde del sábado, se ha transformado en las últimas horas en el epicentro de una encendida polémica política. La visita ha dividido la opinión pública entre quienes critican la idoneidad de su viaje y quienes celebran su ya conocida faceta melómana en los camerinos del Parc del Fòrum.
La controversia rodea principalmente el vertiginoso cambio de escenario del jefe del Ejecutivo, cuya agenda del sábado arrancó en Madrid participando en los actos oficiales de recepción al papa León XIV. Pocas horas después de este encuentro institucional, Sánchez ponía rumbo a Barcelona junto a su esposa, Begoña Gómez, para asistir a uno de los mayores festivales del mundo, un movimiento que ha provocado duras reacciones por parte de la oposición. Desde el entorno del Partido Popular se ha criticado abiertamente el desplazamiento al festival de música en pleno arranque de la visita papal, acusando al presidente de restar solemnidad a las responsabilidades del Estado. Por el contrario, tanto desde Moncloa como desde la Generalitat se ha defendido firmemente el viaje como un respaldo explícito a una de las industrias culturales y turísticas más potentes del país, que este año cierra su edición con cerca de 290.000 asistentes.
Ajeno al ruido político durante la noche barcelonesa, Sánchez ejerció de prescriptor musical y se dejó ver en la zona de camerinos acompañado por el president de la Generalitat, Salvador Illa. Allí pudo compartir confidencias y charlar amigablemente con Damon Albarn, el líder de Gorillaz, una banda por la que el presidente ha procesado devoción pública en reiteradas ocasiones y cuyo directo coronó la noche del sábado junto al pop global de The XX, la distorsión de My Bloody Valentine y la actuación sorpresa de la estadounidense Olivia Rodrigo.
El líder de Blur y Gorillaz no fue el único protagonista de los encuentros en el backstage, ya que la comitiva institucional también mantuvo charlas informales con destacadas figuras de la escena nacional. Sánchez e Illa conversaron con la cantante navarra Amaia y con los jóvenes artistas Martín y Juanjo, finalistas de Operación Triunfo, dejando constancia de estos momentos a través de sus perfiles en redes sociales. El propio presidente resumió la jornada en sus cuentas oficiales afirmando que el festival es mucho más que música, definiéndolo como una muestra de talento, creatividad y una forma de proyectar una España abierta y diversa, completando así un desembarco gubernamental que, junto al ministro de Cultura, Ernest Urtasun, sigue acaparando titulares.