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ANDREW GARFIELD ESTRENA ‘UNA RAZÓN PARA VIVIR’

Así es cómo Andrew Garfield se quita las mallas de Spiderman para demostrar que es un buen actor

Meterse en la piel y en las mallas de un superhéroe en la pantalla no siempre es una decisión fácil. Puede que económicamente sea más que rentable, pero ¿y si te encasillas? ¿Y si tus propios compañeros empiezan a mirarte por encima del hombro? Son cosas que pasan. Los prejuicios son así. Por suerte, actores como Andrew Garfield los tiran por tierra a base de buenas actuaciones.

Emma Stone y Andrew Garfield en The Amazing Spider-Man (2012) Sony Pictures

Existe cierta tendencia, corriente, manía o moda snob –llámese como se quiera– que da por buena la crítica porque sí, visceral, a cualquier historia que tenga por protagonistas a superhéroes o héroes enmascarados. Es algo que pasa más en el cine que en las series, pero ahí está. Alejandro González Iñárritu es el máximo exponente gracias a su famosa frase en la que definía al género como un “genocidio cultural”. Es como si para unos pocos (no tantos, cada vez menos, por suerte) llevar mallas y tener superpoderes en la pantalla fuese denigrante. Nada más lejos de la realidad. Basta con tener talento como actor y tino eligiendo otros papeles para demostrar que esa creencia no siempre se cumple.

El mejor ejemplo es el de Andrew Garfield, que esta semana estrena ‘Una razón para vivir’, una de esas películas que supone un gran reto interpretativo. El actor pasa la prueba con solvencia.

Esa que ya ha demostrado en más de una ocasión. Porque sí, Garfield se puso las ajustadas mallas de Spiderman y fue por ahí dando saltos entre los rascacielos de Nueva York, pero este actor ha sido, es y será mucho más que el Hombre Araña. Tiene una interesante carrera antes y después de dar vida en dos ocasiones a un Peter Parker más intenso y adulto que el anterior, el de Tobey Maguire, pero menos divertido y fresco que el nuevo, el de Tom Holland.

Durante dos años, de 2012 a 2014, Garfield solo fue el chico al que una araña le picó y le concedió poderes. Pero antes de eso ya había participado en algunas películas interesantes regalado varias interpretaciones que hicieron que directores de renombre se fijarán en él.

Su trabajo en ‘Leones por corderos’, en el que él y su camisa floreada mantienen un largo tú a tú dialéctico e ideológico con el personaje de Robert Redford, lo puso en el punto de mira. Al igual que aquella desapercibida película llamada ‘Boy A’.

Después llegaron dos muy distintas entre sí. Era el año 2010 y un director como David Fincher se fijó en él para un secundario resultón en ‘La red social’, aquel retrato que él y Aaron Sorkin hicieron mano a mano del creador de Facebook. Garfield era Eduardo Saverin.

De aquella añada es también ‘Nunca me abandones’, una pequeña e intimista joya con base de ciencia ficción en el que le tocó en suerte un personaje con el que era fácil empatizar. Garfield había demostrado ya entonces algo que es señal de buenas actitudes dramáticas: se le daba bien llorar. Algo tan sencillo y que cuando se fuerza puede resultar un auténtico espantajo.

Una razón para vivir | Agencias

Hay vida y nominaciones después de las mallas

Eso fue antes de Spiderman. Después, en 2016, otra dupla de buenas interpretaciones. Una, ‘Silencio’, a las órdenes de Martin Scorsese que bien podría haberle valido una nominación si no fuese por la manía que en la Academia le tienen al director de ‘El lobo de Wall Street’.

La otra bajo la dirección de un Mel Gibson que se marcó una bélica alabada por la crítica en la que Garfield era el soldado sin armas de ‘Hasta el último hombre’. Esta sí que le sirvió al actor para sumar su primera nominación al Oscar.

Quizá el papel de ‘Una razón para vivir’ también sea de esos. Sin duda, es de los que gusta mucho entre los que votan a quién dar la estatuilla dorada. Garfield es Robin Cavendish, un personaje real.

Una razón para vivir | Agencias

Un hombre al que la polio dejó tetrapléjico, al que le dieron unos meses de vida y que gracias a su empeño, al de su esposa –interpretada por una maravillosa Claire Foy– y al de un amigo inventor no solo sobrevivió décadas sino que hasta fue capaz de viajar por media Europa en una época, mediado el siglo pasado, en la que la discapacidad era algo a no mostrar en público.

Así lo expone ‘Una razón para vivir’, el debut de Andy Serkis en la dirección. Otro actor que bien merecería otro reportaje como este. En su caso lo que se pone no son mallas de superhéroe. Lo suyo es un traje ajustado, lleno de electrodos y un fondo verde para capturar sus movimientos y hacer que personajes como Gollum (‘El señor de los anillos’ y ‘El Hobbit’), César (‘El origen del planeta de los simios’) y King Kong sean tremendamente reales y no muñecos animados.

El actor elegido para su debut tras la cámara, Garfield, tiene solo 33 años, ha sido Spiderman, pero también muchas cosas más y ha demostrado en su corto currículum, por ahora, que llevar mallas en la pantalla no tiene porque relegarte solo a eso. Se puede ser superhéroe, tener poderes, llevar un traje más o menos ridículo y, además, ser un buen actor.

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