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NUEVA PELÍCULA DE NACHO VIGALONDO

‘Colossal’ de Vigalondo: monstruos gigantes a hostias contra el patriarcado

Nacho Vigalondo estrena en España su nueva película tras arrasar en festivales y batir récords en su estreno limitado de Estados Unidos. Medios tan pretigiosos como Indiewire o The Playlist la han colocado alto entre lo mejor del año. Y es que no es tan fácil hacer una mezcla de ‘Godzilla’ y ‘Persiguiendo a Amy’ y salir airoso.

Colossal, estreno de la película de Nacho Vigalondo Agencias

La nueva obra de Vigalondo es un ‘kaiju eiga’, es decir, una película de monstruos gigantes en la onda de Godzilla y todos los monstruos y robots con los que se alía o se bate en combates de gargantúa.

Pero claro, estamos hablando de un autor que asimila diferentes géneros para regurgitarlos bajo una premisa alocada que le permite llevar el fantástico a sus elementos más infinitesimales, trabajando a corazón abierto con los personajes y su microecosistema.

Por tanto, una película de criaturas que destrozan ciudades no va a desarrollarse de una forma convencional a través de los ojos del cántabro.

De hecho, el aspecto relacionado con los gigantes es prácticamente una excusa, un truco para aplicar una óptica de ciencia ficción a una comedia romántica nada convencional. El gancho es que el personaje interpretado por Anne Hathaway tiene una especie de avatar monstruoso en Corea.

Si se toca la cabeza, la criatura el imitará. Si camina, se moverá hacia adelante. No hay una razón aparente para que esto ocurra, salvo que es el planteamiento que nos propone para jugar.

Y aquí está el primer acierto de ‘Colossal’, que no trata de buscar respuestas desesperadamente; lanza el tablero con las reglas y permite que todo fluya sin volverlo a cuestionar, confiando plenamente en que los espectadores entenderán su intención.

Todo esto es un subterfugio para tener espacio y ángulo necesario para contar la historia que realmente quiere contar. Como en su excéntrica ‘Extraterrestre’ utiliza un escenario de género reducido al mínimo para contar una historia de personajes. Aquella era una comedia generacional saboteada y esta una “dramedia” maquillada de fantástico.

De esta forma, Vigalondo estructura el relato como una típica película de “urbanita vuelve a su pueblo de la infancia”, que conforma casi un subgénero, y proyecta en Gloria (Hathaway), que tiene algún que otro problemilla con el alcohol, sus demonios personales.

Los monstruos pasan a ser una entidad secundaria, un reflejo de sus conflictos en forma de terribles consecuencias, con lo que, literalmente, el coloso destructor sería un recordatorio perfecto del arrepentimiento de todo lo que hacemos y no recordamos cuando nos vamos de copas.

Fotograma de Colossal | Agencias

Pero el punto de partida es más rico y, entre penitencia, confusión, y la intriga de por qué suceden los ataques en Seúl, Gloria vive en sus carnes el choque cultural de provicias-capital desde la óptica de ida y vuelta.

Su papel de periodista de cierto éxito en Nueva York rasca en los rencores no solucionados de sus conocidos y, probablemente, tenga bastante que ver la experiencia propia del autor, en cuanto hubo de lidiar con su estatus de director internacional en su país/pueblo de origen. No es este, sin embargo, el ángulo más conseguido de la obra.

El guion sobreexpone ciertos de estos elementos, haciéndolos obvios y algo monótonos en cuanto tienden a repetirse en líneas de diálogo, faltas de naturalidad cuando se recitan por boca de los actores. Un tic que acompaña a otras obras de la filmografía del director que aquí está algo más depurado.

Triunfa, sin embargo, cuando pone contra las cuerdas el papel de la heroína en la historia y hace un acto de constricción por todos los hombres del mundo que creen tener ciertos derechos por el simple hecho de ser simpáticos con las chicas.

Vigalondo le da la vuelta a la comedia tradicional y a los romances indies de los últimos veinte años para mostrar la cara oculta del prototipo de ‘Nice guy’, añadiendo capas de crudeza inusitada al conflicto. No es casualidad que el protagonista masculino sea un enorme Jason Sudeikis capaz de hacer totalmente creíble el desafío del autor.

El resultado es un examen de conciencia de género que se lee casi como un exorcismo de tropos culturales abigarrados en la época del underground. Es casi como el reverso oscuro y realista de películas como ‘Beautiful Girls’.

‘Colossal’ sigue la estela de directores que utilizan la ciencia ficción como simbolismo, como arma y escudo se sus propios discursos, consiguiendo mostrar una faceta humanista que rasca en el alma de los personajes, en este caso no todos tan bien conseguidos como Gloria.

Nuestra maestra de ceremonias es una patosa, desastrosa y adorable Hathaway que eleva a su personaje de tal manera que la película se convierte en una anomalía de género, consiguiendo aunar el aspecto fantástico y emocional como un todo, una maqueta a escala de simbolismos poderosos sobre el empoderamiento, la redención personal y la ruptura con las rutinas tóxicas tanto sociales como individuales.

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