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Estos son los factores que influyen

Cómo se mide la brecha salarial entre hombres y mujeres explicado para dummies

Puede que en alguna ocasión hayas escuchado algo como “no conozco a ninguna mujer que trabaje en mi mismo puesto en mi empresa y que cobre diferente” o “si las mujeres cobrasen menos en el mismo puesto sería ilegal; eso no puede ser”. Y también puede que en ese momento te hayas bloqueado y no hayas sabido qué contestar, a pesar de que seas consciente de la brecha salarial que existe en nuestro país.

Secretaria Agencias

La brecha es solo una de las manifestaciones de la desigualdad de género en nuestra sociedad. Según un informe de CCOO, los hombres ganan de media un 30% más que las mujeres. Hay varias formas de medirla y no suele ser tarea fácil porque se trata de discriminación indirecta.

Sin embargo, hay diferentes factores que influyen y deben tenerse en cuenta. ¿Sabes cuáles son? No, no solo tienen que ver las diferencias salariales en un mismo puesto de trabajo; hay otras circunstancias que intervienen. Vamos a verlas una a una.

No es el salario base, son los complementos salariales

La desigualdad no se encuentra en el salario base de las personas trabajadoras, sino en los extras. Complementos por nocturnidad, penosidad o por disponibilidad, por ejemplo. ¿Quién puede permitirse hacer horas por la noche? Con mayor probabilidad, hombres cuyas necesidades de cuidados estén cubiertas, lo que les deja más tiempo para invertir en el trabajo. Ellas dedican a diario 1 hora y 57 minutos más a las actividades del hogar y la familia, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Digamos que los complementos salariales premian características que habitualmente se asocian con la masculinidad. No significa que las mujeres no podamos hacerlas, pero los mandatos de género con los que cargamos, incluido el cuidado de criaturas, nos hacen tener menos libertad a la hora de elegir.

El llamado ‘suelo pegajoso’

O discriminación horizontal. Las mujeres tienen mayor dificultad a la hora de incorporarse al mercado laboral, y además lo hacen en ciertos sectores que se relacionan con su rol de género. La educación, la sanidad y servicios sociales, y el sector servicios suelen ser algunos de ellos.

Son ámbitos feminizados, como la limpieza, en los que además, los sueldos suelen ser menores que en los que predominan hombres. El trabajo remunerado de las mujeres se ha considerado históricamente como complementario al del hombre, por lo que las retribuciones de trabajos que realizan habitualmente las mujeres tienden a estar peor pagados.

Esto es el resultado del modelo de familia de tiempos pasados, pero que aún impregna parte de nuestra cultura: el hombre como ganador de pan o cabeza de familia; el hombre como procurador del sustento. Antes, si ella trabajaba, se consideraba como una ayuda al dinero que aportaba el marido, con lo que se permitían la libertad de pagarlo menos que si lo hiciese un hombre.

Aquí además influye la categorización profesional que se recoge en los convenios laborales. Cada convenio define los diferentes puestos de trabajo de un sector, incluyendo sus rangos salariales. En ocasiones, hay categorías que aportan igual valor, pero tienen condiciones que pueden ser bonificadas. Y el sector feminizado suele ser el que sale perjudicado.

Por ejemplo, son mayoría de mujeres las que trabajan en la limpieza industrial. En muchos casos, no reciben un plus por toxicidad que sí cobran, por poner otro ejemplo, los que trabajan en la recogida de basuras o limpieza de alcantarillado, ámbitos masculinizados.

La temporalidad y la parcialidad mandan

Las mujeres tienen más contratos temporales y parciales a lo largo de su carrera. Según el INE, el 56% de las que trabajan a tiempo parcial lo hacen por no encontrar uno a tiempo completo, y el 15% debido a sus responsabilidades de cuidados (frente al 2% de los hombres).

Elegir una reducción de jornada no es una elección como tal. Muchas se ven forzadas por las cargas extra que deben asumir. Y, por supuesto, les perjudicará en la promoción de sus carreras profesionales.

El famoso techo de cristal

Solo hay que mirar las fotos con los directivos de las empresas o del Gobierno (solo cinco ministras frente a los 13 ministerios). Las mujeres son una minoría en los altos cargos. Esto afecta a la brecha: ellos tienen acceso a puestos donde se gana más y donde se toman las decisiones.

Las mujeres representan menos de la tercera parte del total de personas que ocupan altos cargos de la Administración General del Estado, y ocupan 19% de los Consejos de Administración de las empresas del Ibex-35.

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