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De Los Angeles a Tennessee, mi ‘roadtrip’ por el 'southwest' americano

Me he pasado un mes recorriéndome la mitad de Estados Unidos

Aquí os cuento todo lo que me he encontrado por el camino, desde templos mormones a váteres gigantes. De Los Angeles a Tennessee, así ha sido mi ‘roadtrip’ de un mes por el 'southwest' americano.

Amarna Miller, en EE UU Amarna Miller

La suave vibración de las turbinas es interrumpida por rugidos inesperados, casi como si el avión tuviese una mala indigestión en lo más profundo de sus entrañas. El estómago lleno de maletas, la boca cubierta de pasajeros, como si fuésemos los dientes coloridos de la máquina.

Mujeres con camisas de flores, hombres con chaquetas a cuadros, un bebé llorando a mi lado, ancianos con turbante y una mujer india que mira de reojo mi pantalla, esperando entender qué estoy escribiendo en mitad de este vuelo de 14 horas.

De vez en cuando, las turbulencias hacen que el ordenador salte unos centímetros por encima de mis rodillas y yo me pregunte por decimotercera vez durante esta mañana si no será mejor que me espere a llegar a España para escribir todo esto.

Pero la respuesta es no, claramente. Así es la vida viajera, el pasaporte en una mano y la funda del ordenador en la otra, mientras rezas por encontrar un enchufe con el adaptador adecuado en el aeropuerto donde haces la escala.

Un viaje por el Medio Oeste de EE UU

Hoy estoy cansada. Llevo un par de días sobreviviendo a base de cafés y sé que el cuerpo me está pidiendo urgentemente un poco de paz. Anteayer llegué a Los Angeles después de marcarme un señor viaje por el ‘midwest’ americano, de California a Tennessee para ser más exactos.

Amarna Miller, en EE UU | Amarna Miller

En mi obsesión eterna por visitar todos los estados de norteamérica el año pasado me compré una furgoneta bien chula. Y como tengo que rentabilizarla, de vez en cuando me siento con mi querido delante de un mapa, escogemos un par de estados y nos vamos para allá a ver qué nos depara el destino.

Nevada, Arizona, Nuevo México y Texas los tenemos más que vistos, así que decidimos centrarnos en el sur de Utah, Colorado, Tennessee, Kansas y Missouri. La mitad del país, vaya.

Una escultura gigante de Jesucristo

Para no variar, hubo sorpresas inesperadas. Como cuando acabamos en un templo mormón intentando comprender exactamente de qué va el tema, y acabamos haciéndonos fotos con una escultura gigante de Jesucristo, y preguntando a las feligresas cuál es exactamente la figura de la mujer en su iglesia. O de qué forma llegó Cristo a enseñar su discurso a los Mayas.

¿Se supone que el ‘ Egipcio reformado ’ es un idioma real? O como cuando el coche se salió de la autopista patinando sobre hielo en una ventisca terrible mientras cruzábamos las montañas en Colorado y tuvimos que poner troncos debajo de nieve para desenterrar las ruedas y volver a la carretera.

En nuestro camino también pasamos por Salton Sea, ese lago al este de California que pasó de ser un destino turístico de primera categoría a un erial deshabitado en menos de un par de años.

Después de hacer unos canales de irrigación muy mal planificados la salinidad del agua aumentó hasta extremos inesperados, las algas se convirtieron en un auténtico problema y con tal cantidad de plantas submarinas consumiendo oxígeno, todos los peces murieron.

Ahora este antiguo paraíso es un charco hipersalino con las orillas cubiertas de peces de ojos vacíos y un olor insoportable a huevos podridos. C’est la vie!

Chabolas y piezas de arte en mitad del desierto

Slab City se llevó un trozo de mi corazoncito. La ‘ciudad’ -por llamarla de alguna manera- es en realidad un conjunto de chabolas cochambrosas y piezas de arte construidas con basura en mitad del desierto. Se trata un hogar temporal para todos aquellos sin techo que no pueden resistir las condiciones terribles del norte del país durante los meses de invierno.

El frío y la nieve les obligan a trasladarse a esta remota zona de California, donde el tiempo es más suave y pueden instalar sus coches, tiendas de campaña y caravanas mientras se reúnen con amigos lejanos y hacen fiestas alrededor del fuego. Son los llamados ‘Snow Birds’, pájaros de la nieve.

En verano, el lugar está prácticamente deshabitado pero se respira una magia que he visto en muy pocos lugares. Allí intercambié una galleta de marihuana por un collar hecho con el cuerno de un búfalo, y recibí infinitas recomendaciones sobre qué visitar durante el resto del viaje.

La fiebre del oro

Y de hecho fue siguiendo uno de aquellos consejos como llegamos a Cripple Creek y Victor, dos pueblos en el centro de Colorado que sufrieron la fiebre del oro durante el siglo XIX para quedar prácticamente abandonados tan solo una década después.

O Telluride y Ouray, donde la nieve era tan espesa que mas de una vez tuvimos que cavar un camino en la carretera para poder salir del camping de turno.

En Missouri, nos encontramos con una representación histórica de la guerra civil, con actores y actrices vestidos de época caminando por las calles del pueblo con los rifles en alto, esas faldas kilométricas y un acento bien pomposo. Contrastaban un poco casi que demasiado con mi furgoneta pintada de colores chillones. Totalmente surrealista.

Tanto como el descubrir que en Kansas están obsesionados con las reproducciones a gran tamaño de objetos cotidianos. Buenos ejemplos son el huevo de pascua más grande del mundo, la réplica más grande de un cuadro de Van Gogh -Los Girasoles-, o ese baño público con forma de váter gigante situado en Lucas, al norte del estado.

Kansas también es el hogar de la colección más extensa de réplicas más pequeñas de los objetos más grandes del mundo. Os prometo que no es broma. Se trata de miniaturas que reproducen los objetos gigantes antes mencionados. ¿Extraño, verdad?

Pues esperad a que os cuente la historia del museo de pelo -pelo humano- que Leila regenta en Missouri. Cuadros hechos con pelo, flores de pelo, pulseras, brazaletes, anillos, árboles genealógicos hechos de pelo. Hasta te pueden enseñar las técnicas para coser con pelo, si tienes cuatro días libres y mucha paciencia. Escalofriante, aunque por otra parte, totalmente recomendado.

El viaje culminó cruzando el Misisipi para llegar a Memphis, donde escuchamos mucho blues, probamos muchos platos criollos y nos empapamos bien de la historia por la lucha de los Derechos Civiles. Con tan solo cuatro días para poder llegar a Los Angeles, hicimos unas cuantas jornadas maratonianas conduciendo más horas al día de las que deberíamos.

Y aquí estoy de nuevo, en el avión que vibra y ruge y escupe pasajeros de camisas floridas y turbantes infinitos. Triste de haber acabado este viaje, y contenta por tener la posibilidad de compartirlo con vosotros. No es que mi vida sea demasiado rutinaria, pero siempre cuesta adaptarte de nuevo a todo aquello que en tu cabeza procesas como cotidiano. Hasta la próxima aventura, claro.

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