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@BECARIA_

Sola, borracha y sin coronavirus, quiero llegar a casa

Becaria habla claro sobre la polémica suscitada por el lema "Sola y borracha, quiero llegar a casa".

EFE Cartel 8-M en Barcelona

Los puntos de vista son como los culos, cada persona tiene uno, el problema es que hay algunas cataratas sin diagnóstico ni tratamiento que emborronan la realidad. Esto viene a cuento de la polémica suscitada por el lema "Sola y borracha, quiero llegar a casa" (aunque ahora la prioridad es llegar sin coronavirus), un grito adolescente, aplicable a cualquier edad, habitual en las protestas feministas que ha utilizado, con toda su buena intención, el Ministerio de Igualdad en Twitter, aunque hay quien conspira con que se trata de una campaña de publicidad de alguna marca de ginebra para vender más y fomentar el jolgorio de borrachera.

Y claro, ya se ha liado parda. Que este lema no es más que un sintetizado alegato al poder vivir sin miedo, a salir y volver a casa, al coche o al garaje, borracha o sobria, sola, con dos amigos, con una diadema con penes en la cabeza o con el Satisfyer bajo el brazo. El dónde y el cómo dan igual, pero a quienes les ha interesado sacarlo de contexto y tergiversarlo, ya tienen entretenimiento, entre esto y el coronavirus, para un par de meses más. Si bien no parece el mensaje más acertado para ser elegido por el Gobierno para la defensa de los derechos y libertades de las mujeres, la oposición política y sus respectivos rebaños no han tardado en utilizarlo para poner en contra a la ciudadanía, porque si quizás no ha sido el mejor eslogan para que una institución tomara como reivindicación, los problemas absurdos derivados de estos mensajes tergiversados son la llama que nos mantiene vivas.

Hay mucho escroto mareado dando la turra en redes sociales, en el gimnasio y en el bar. Está claro que una agresión nocturna la puede recibir cualquiera, sea del sexo que sea; un robo, insultos, una paliza o un apuñalamiento. Aquí la cuestión es la agresión sexual, quién la recibe y por qué. Vale, que incluso un tipo puede ser increpado por alguna chica envalentonada que le grite cosas como que va a pasarse la noche indagando en su próstata. ¡VALE! Pero ni es la norma, ni es equiparable al miedo que pasa una chica cuando un tío o varios la increpan a las 5 horas de la madrugada. Y afortunada eres tú, Gloria, Lucía o Vanesa, si nunca has vivido nada parecido de vuelta a casa de madrugada o a las siete de la tarde. Son situaciones incómodas muy frecuentes y no hace falta vivirlas para saber que existen y lo que se puede sentir, porque también hay algo que se llama "empatía" ante una realidad evidente. Cualquiera tiene derecho a volver a casa como le dé la gana sin que nadie le toque las gónadas, los ovarios en el caso de las mujeres, los cojones (o la próstata), a su manera, en el caso de los hombres.

Aunque han salido populares personalidades públicas criticando el mensaje "sola y borracha, quiero llegar a casa" por incitación al alcoholismo, señoros conocidos por sus borracheras, peleas nocturnas y algún que otro volquete de cocaína de camino a casa, a comisaría o al hospital, más solos que la una, sí debo dar la razón en una cosa: hay muchos mejores planazos que volver a casa sola y borracha, como por ejemplo: caliente como el infierno con el chico que te gusta; con una amiga con la que llevas dándote el lote toda la noche o con dos tíos y un buen tubo de lubricante para hacer el trío de tu vida. Son ideas y realidades.

En fin, que reivindicar tu derecho a volver como te dé las santas ganas es defender tu derecho a tu tranquilidad y seguridad en esos momentos de mayor vulnerabilidad con un colocón del quince. Y el derecho a poder volver viva contigo misma y tus circunstancias, está por encima de cualquier valoración sobre el bien y el mal que causa el consumo de alcohol, cocaína o MDMA, aunque no sea lo más saludable, pero esa ya es cuestión de otro ministerio.

En fin, yo qué sé, Bernardo de las Heras. Si eres un tipo normal, ¿a qué tanto temes con el grito de unas mujeres? Feliz libertad sexual con respeto y lo que surja.

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