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@BECARIA_

El tabú del sexo anal

Becaria nos desvela los motivos por los que el sexo anal debería dejar de ser un tabú.

Pixabay Melocotón

"Por el culo sí", como frase de autoayuda y motivacional para esas personas que sufren aversión al sexo anal sin haberlo disfrutado nunca. Porque una mala experiencia no debería implicar un rechazo al acto. Un poco de reflexión, tolerancia y paciencia. ¡El culo merece una segunda oportunidad! Y todas las sucesivas. Que una fatídica desvirgación, vergüenza o falta de información no frustre la fluidez en la práctica ni en la comunicación.

En el sexo heterosexual, las mujeres somos las que peor parte llevamos si tenemos la mala suerte de estar con un tío hambriento de empotramiento anal activo porque lo vio en su colección de porno desde 1995 hasta la actualidad y le toca estrenarse contigo sin mayor cultura sexual; se piensa que eso es como el tobogán de un parque acuático, que la mete y ya va rodado, por obra y gracia del Espíritu Santo y San Sodomancio. Mal. La realidad es que se encuentra con más obstáculos y fatales consecuencias que si bajara por el tobogán viral de Estepona.

Cuando no es por culpa de una nefasta experiencia con un compañero de cama inútil, llevamos en la mochila una carga de prejuicios morales, sociales y religiosos muy pesada que interfiere en nuestras decisiones sexuales. Que aunque parezca que no, las charlas de algunas familias, el colegio de monjas o la catequesis, han hecho mucho daño con sus lecciones de lo depravado, la criminalización de la homosexualidad y su vinculación con lo anal, la perversión anti erótica y contra natura, y lo único que han conseguido y consiguen es plagar de trastornos sexuales a generaciones y generaciones de gente en sus años más vulnerables. Pero independientemente de la culpa que tenga toda la información que hayamos recibido y de lo mal que nos la hayan metido, ya tenemos una edad para hacernos responsables de nuestro placer, investigar por nuestra propia cuenta y, egoístamente, hacernos dueñas de nuestro placer y nuestros orgasmos. Que para algo son nuestros y tendremos que aprovecharlos, y en el placer anal, ni siquiera hace falta un pene para experimentarlo.

La realidad es que sentir una penetración anal puede ser mucho más placentera e intensa que la vaginal. Las terminaciones nerviosas vienen a ser parecidas, pero está todo mucho más comprimido, la compresión se retroalimenta, y el gusto que da pensar que estamos haciendo algo aún mal visto por la sociedad, pecaminoso y prohibido, debería ser un plus para sentir que se aproximan orgasmos como fuegos artificiales de la mejor pirotécnica valenciana.

Los previos a la penetración anal son más importantes que el punto y final. La delicadeza inicial es fundamental, mucho más que con el sexo vaginal. Además de la obvia importancia de la higiene a fondo, el ano requiere de una preparación especial dado que por sí solo no lubrica de forma natural y hay que trabajarlo, principalmente con ganas, y físicamente con dedos, lengua, lubricantes y los cachivaches que apetezcan dado el momento: bolas chinas, dildos, plugs, etc. Todo es bien recibido. En pareja es comprensible que a los tíos se les despierten instintos violentos de iniciado desbocado, por eso también es importante que reflexionen, mediten con sus pelotas y respeten lo que pide el cuerpo en cada momento y antes de penetrar; antes de ser duramente penetrada. Ya se sabe eso de: “con paciencia y saliva, el elefante se la metió a la hormiga”. Bueno, igual en este caso es un poco exagerado porque todo al cocer mengua y como diría Mr. Wonderful, “no hay sueños ni pollas imposibles”.

Pero, salvo que el tío tenga su respetable miembro como un caballo, el ano se adapta a cualquier ejemplar eréctil, solo hace falta dedicación, tiempo, la excitación a raya y control del ansia penetrador del sujeto portador del miembro viril.

Es normal que una embestida a destiempo y mal dada genere rechazo. Diferente es si al penetrar después de esa preparación previa, te la dejan metida un rato sin moverse y aprovechas para maximizar el placer con una estimulación paralela clitoriana, en los pezones o en las zonas erógenas que más te pongan los pelos como escarpias. Eso sí hace que el cuerpo acabe pidiendo las embestidas más violentas, dobles penetraciones, kamasutras imposibles y otros placeres sin límites. Porque con ganas y bien hecho, no tarda en llegar un primer orgasmo si va todo adecuadamente encauzado.

Y esto es un chollo para todas, para todos. Los tíos más ansiosos que se beneficien de una mayor cultura y mejor práctica del sexo anal, ya sabrán el gusto que da esta fricción, opresión y estimulación de alto voltaje. Y, sobre todo, el placer de que los vuelvan a llamar para repetir la magia acrobática del empotre anal.

A ver si pasamos de usar menos el culo para insultar, tratándolo como lo peor, lo horrible, y lo aprovechamos más para darnos placer, convirtiéndolo en algo positivo y con mucho provecho sexual. Y compartiéndolo con los demás en el trabajo, en los grupos de Whatsapp o en la cena de Navidad.

Ah, ¿sabéis qué? Los tíos también tenéis culo y con mucho potencial orgásmico. Os animo a usarlo más.

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