MOVISTAR ARENA
La legendaria banda vallisoletana celebró cuatro decadas en la música con un concierto especial en el Moviatar Arena en el que tocaron sus mayores éxitos acompañados de Dani Martín, Andrés Suarez, Rulo y Moha entre otros.
Les había visto ya una decena de veces en los últimos 30 años, pero llevaba sin ir a un concierto suyo desde antes de la pandemia. Aun así, las ganas estaban por todo lo alto. Celtas Cortos son la banda de mi adolescencia y mi grupo de música español favorito.
Llevan cuarenta años sobre los escenarios y todavía siguen en pie. A pesar de los numerosos cambios en su formación —"entre tanto algún amigo se nos ha quedao patrás"—, la familia de Celtas Cortos sigue unida y fuerte.
A Jesús Cifuentes, el violinista y trombonista Alberto García y el flautista y saxofonista Goyo Yeves les acompañan el guitarrista José Sendino desde hace 30 años, el batería Diego Martín desde hace 20, las gaitas de Antón Dávila desde hace otros 20 y Chuchi Marcos al bajo desde hace más de 15 años. A ellos se suman Jesús Prado a los teclados, Álvaro Zafra a la trompeta y, para mí, la gran sorpresa de la noche: Carlos Soto, legendario miembro de la banda que dejó el grupo hace 20 años, a la flauta travesera.
Una alineación de lujo para un concierto de lujo, cargado de temazos atemporales, prácticamente insuperable. La única manera de mejorar algo así sería marcándote un Bruce Springsteen y tocando tres horas en lugar de las poco más de dos que duró el show.
Un comienzo soberbio con El túnel de las delicias y un cierre por todo lo alto con No nos podrán parar y el Movistar Arena entero saltando.
En total, 24 canciones que repasaron gran parte de lo mejor de la carrera de Celtas Cortos y un puñado de amigos que pusieron el toque diferente en algunos de los clásicos del grupo. No faltaron Cuéntame un cuento, Haz turismo o El ritmo del mar entre otras.
El concierto fue una mezcla de fiesta, rock, música celta, toques latinos, canciones llenas de emotividad y otras cargadas de política y mensaje, como nos tienen acostumbrados los Celtas. Jesús Cifuentes, con una camiseta de Fuck ICE, hizo que himnos como Haz turismo o El emigrante retumbaran con más potencia que nunca.
Quizás uno de los momentos más emotivos para los verdaderos fans del grupo fue cuando se tocó, por primera vez en su carrera, la abrazable Cálida trinchera junto a un Andrés Suárez visiblemente emocionado por compartir escenario con uno de los grupos que marcaron su adolescencia.
Más tarde sería Rulo quien saldría a prestar su voz en Retales de una vida, quizás la canción más reconocible de los últimos veinte años de la banda. También pasaron por el escenario el guitarrista Jorge Salán en Tranquilo majete, los violinistas Guille Manzanares y Moha, de Mägo de Oz, en El alquimista loco, además de una banda de baile irlandés.
El cierre no pudo ser más épico, con Carlos Soto a la flauta travesera para las tres últimas canciones: La senda del tiempo, con Dani Martín y todo el recinto coreando emocionado; 20 de abril, en la que cantaron Dani, Rulo y Andrés; y, por último, No nos podrán parar para un final por todo lo alto.
No soy objetivo con Celtas Cortos, son la banda de mi adolescencia, pero pocos grupos españoles se me ocurren con una carrera tan larga y sólida que, cuarenta años después, sigan sonando tan bien y tengan canciones con una originalidad, belleza y vigencia como las suyas.