PARA APPLE MUSIC
Gorillaz celebra 25 años de trayectoria con The Mountain, un álbum que mira al pasado para reconectar con su esencia mientras se enfrenta a experiencias personales como la pérdida y el duelo. En una conversación con Zane Lowe para Apple Music, Damon Albarn y Jamie Hewlett repasan la evolución del proyecto, desde sus intentos por huir de la celebridad hasta la construcción de un universo creativo que sigue transformándose con el tiempo.
En su encuentro con Zane Lowe para Apple Music, Damon Albarn y Jamie Hewlett han presentado The Mountain como un proyecto profundamente conectado con la esencia original de Gorillaz. Ambos coinciden en que el álbum recupera una sensación de cohesión narrativa que no se había visto desde Plastic Beach, funcionando casi como una continuación espiritual.
Aunque reconocen que entre ambos discos hubo etapas con cierta disonancia, también las consideran necesarias y llenas de momentos interesantes. Sin embargo, en este nuevo trabajo sienten que han retomado un universo más definido, impulsado por una narrativa que surgió de forma natural y que terminó siendo inevitable.
La banda recuerda cómo su enfoque inicial en directo, marcado por el anonimato y las siluetas, cambió radicalmente tras una llamada inesperada para encabezar Glastonbury. Aquella actuación evidenció una desconexión entre el concepto visual y la escala del evento: lo que funcionaba en televisión no terminaba de hacerlo en un recinto masivo.
Ese momento llevó a Albarn a replantearse el formato y abrazar una presencia más tradicional de banda en vivo. Desde entonces, Gorillaz ha transitado entre ambos mundos, encontrando con el tiempo un equilibrio que ahora sienten haber recuperado.
En sus primeros años, Gorillaz intentó eliminar la noción de celebridad ocultándose tras sus personajes animados, incluso en entrevistas. Sin embargo, la ejecución no siempre fue sencilla. Llegaron a realizar entrevistas telefónicas interpretando a los personajes, repartiendo los roles entre ellos, pero reconocen que nunca terminaron de dominar ese formato.
Aquella etapa, aunque incómoda, formaba parte de su intención de romper con las dinámicas tradicionales de la industria musical.
Otro de los momentos clave en su trayectoria fue el intento de llevar a los personajes al escenario mediante hologramas. Aunque visualmente funcionaban muy bien en televisión, la experiencia en directo resultaba problemática debido a las limitaciones técnicas de la época.
El volumen debía mantenerse bajo para evitar interferencias con la proyección, lo que afectaba gravemente a la experiencia del público. Aun así, la idea anticipaba un modelo de espectáculo global que hoy, con otros recursos, sí es viable.
Gorillaz también reflexiona sobre su conexión con Daft Punk, una banda con la que compartieron época y cierto enfoque conceptual. Ambos proyectos exploraban la identidad y el anonimato, aunque Albarn reconoce que su propia fama previa en el britpop suponía una desventaja a la hora de ocultarse tras el proyecto.
El universo visual de Gorillaz ha sido siempre una parte esencial del proyecto. Jamie Hewlett explica que su trabajo en los videoclips comienza con storyboards extremadamente detallados, que funcionan casi como una guía completa para los animadores.
Con el tiempo, estos storyboards se han vuelto cada vez más complejos, llegando a incluir cientos de dibujos y versiones animadas sincronizadas con la música. Este nivel de detalle les permite mantener el control creativo del proyecto desde el inicio.
Para Albarn, el proceso creativo con Hewlett era casi diario: componía una canción, subía al estudio y la compartía, y a partir de ahí comenzaba inmediatamente el desarrollo visual.
Los miembros de Gorillaz destacan que los personajes no son entidades estáticas, sino que evolucionan con ellos mismos. A lo largo de 25 años, han ido creciendo y adaptándose, incorporando experiencias personales de sus creadores.
En ocasiones, esas historias ficticias terminan reflejando vivencias reales, generando una conexión emocional que incluso resulta inquietante para Albarn, quien describe momentos en los que los personajes parecen cobrar vida propia.
El desarrollo de los personajes ha sido un proceso acumulativo. Desde sus primeras ideas —como Murdoc y su vínculo con el satanismo o Russell y su capacidad para invocar espíritus— hasta conceptos que han tardado décadas en materializarse.
En particular, la idea de Russell conectando con artistas fallecidos ha cobrado sentido con el paso del tiempo, especialmente tras haber trabajado con algunos de ellos y haber vivido sus pérdidas.
La banda también revela que estuvo cerca de desarrollar una película, incluso con el respaldo de Netflix, pero el proyecto terminó abandonándose debido a la lentitud del proceso.
Esa espera terminó derivando en algo más productivo: la creación de nueva música. De hecho, Cracker Island nació en parte de esa sensación de estancamiento, convirtiendo la frustración en inspiración.
El nuevo álbum está profundamente marcado por experiencias personales, especialmente la pérdida. Durante su gestación, tanto Albarn como Hewlett atravesaron momentos muy duros, incluyendo la muerte de sus padres con apenas días de diferencia.
Ese proceso coincidió con un viaje a la India que, aunque nació en circunstancias difíciles, terminó siendo una experiencia transformadora. Allí encontraron un entorno humano y emocional que les ayudó a sobrellevar el duelo.
Ambos coinciden en que la pérdida supone un punto de inflexión vital, una especie de cambio de nivel que altera la percepción del mundo y de uno mismo. Esa transformación personal impregna el espíritu de The Mountain, convirtiéndolo en uno de los trabajos más íntimos de Gorillaz.