EL ÚLTIMO BAILE DE DELIRIO Y EQUILIBRIO
Entrevista Veintiuno: "En delirio y equilibrio hay mucho más autobiográfico de lo que me gustaría reconocer"
Entrevistamos a Veintiuno en las oficinas de Warner Music por el lanzamiento de su disco El último baile de delirio y equilibrio con el que acaban de conseguir su primer n1 en España. Diego, Yago, Pepe y Rafa nos hablan de este disco, de sus colaboraciones, de la cultura de salas y de sus éxitos Dopamina y La vida moderna entre otros temas.
Hay entrevistas que se esperan con un cariño especial por la banda que las protagoniza; porque la has visto crecer y porque te sientes orgulloso de los éxitos que han conseguido.
Una de esas bandas es Veintiuno, con la que recientemente pude conversar en las oficinas de Warner Music con motivo de su nuevo trabajo.El grupo toledano —liderado desde 2011 por Diego Arroyo junto a Pepe Narváez y Yago Banet, y al que se unió Rafa Pachón en 2021— acaba de sacar su último disco, El último baile de delirio y equilibrio, con el que han alcanzado el n.º 1 en nuestro país.
Este trabajo funciona como la reedición y el cierre conceptual definitivo de su anterior álbum, La balada de delirio y equilibrio (publicado en abril de 2025). Se trata de un LP en el que te puedes encontrar temas nuevos como Troya o Vidas pasadas, pero que principalmente está lleno de versiones con colaboraciones estelares de la talla de Repion, Yarea, Rufus T. Firefly o DJ Nano, entre otros.
En esta charla hablamos de sus mayores éxitos, del lore de la banda, de cómo sobrevivir tanto tiempo en la música, de la situación de las salas de conciertos y de muchos temas más.
La primera pregunta es obligada: ¿Os han pagado los de Wegow?
Diego: No.
¿En qué situación está ese infierno?
Diego: La misma que hace un año, porque tienen por costumbre no contestar y no dar explicaciones, y esperan que nadie hable de ello.
Pepe: Mucho ruido y poco lerele.
Estáis vosotros dando mucho la voz, pero hay otros grupos también empufados.
Diego: Y más que nosotros.
Vuestros amigos de LA M.O.D.A., por ejemplo.
Diego: Efectivamente, por ejemplo. Gracias por preguntar.
Vamos a empezar haciendo un pequeño viaje al lore de Veintiuno. ¿Quiénes son realmente Delirio y Equilibrio? ¿Son personas de verdad o hay mucho de ficción en ellos?
Diego: Yo creo que siempre es una mezcla de ambas. Desde luego, hay mucho más autobiográfico de lo que me gustaría reconocer que hay.
Yago: Inspirado en hechos reales. ¿Sabes las pelis que dicen «basado en hechos reales»? Pues otra es «inspirado en hechos reales».
Diego: Para evitar demandas, pues un poco así, sí.
En plan Taylor Swift, ¿no? Todo muy diario.
Diego: Ella puede pagar las demandas.
¿Hay un Universo Veintiuno?
Diego: Yo creo que eso no lo decides tú, porque si lo intentas programar hay algo megalomaníaco que puede resultar ridículo. Si lo hay, se acabará notando. Para nosotros lo hay, pues trabajamos desde ahí: hay tropos, hay lugares a los que nos asomamos estéticos, temáticos, de producción, melódicos y armónicos. Los hay y es evidente. Tampoco hay tantos temas; una persona que escriba canciones no tiene tantas cosas de las que hablar, y cuando intenta salirse se nota que no se va tan lejos como a esa persona le gustaría. Entonces, ¿hay un universo? Espero que sí, pero eso creo que lo puede decir más la gente que nos escucha que nosotros.
Ahora que llega a su fin con este "último baile de Delirio y Equilibrio", hay dos canciones nuevas que son Vidas pasadas y Troya. ¿Eran canciones que estaban en el tintero del disco o han surgido a posteriori?
Diego: Es que es muy de nicho, pero La balada del agujero en el pecho tiene mucho de libro de bocetos, metafórica y literalmente. La portada es como un conjunto de algunos de los bocetos que tenía en el cuaderno. Pero también en ese cuaderno había muchas películas que estaba viendo y muchos libros que me estaba leyendo en los meses en los que salió el disco. No estaba escrita «Vidas pasadas», pero en 2025 vi Past Lives, se me quedó ahí, y vi La quimera de Alice Rohrwacher, y vi Orphée, por ejemplo. Vi películas más recientes y más antiguas que me provocaron cosas, me movieron y me resultaron inspiradoras. Entonces estaban en el álbum; si eso iba a llegar a ser o no canciones, bueno... hay algunas cosas que sí y algunas cosas que no, pero desde luego estaban.
La única canción que estaba medio escrita para cuando sacamos La balada —porque ya sabíamos que era una canción que nos gustaba mucho y que iba a salir— fue «Pide un deseo por mí», porque ya había un huevo de Pascua escondido en Spotify con un track 14 en el que decíamos: «Oye, os damos una fecha y en esta fecha vamos a ir a algún sitio». Por eso hicimos lo de la playa de Aguilar, porque esa canción estaba hecha. Lo que no sabíamos es si iba a dar para una reedición.
¿Cuál es el proceso mágico por el cual se va generando un panteón de dioses sagrados y canciones ilustres de un grupo? Vosotros tenéis himnos como «La vida moderna» o «Dopamina» con las que cerráis los conciertos y que no pueden faltar en los setlists. ¿Cómo se consigue que una canción nueva vaya alcanzando ese estatus? Yo siento personalmente que podríais cerrar los conciertos con «Cabezabajo» y «La ruina» y tocar «Dopamina» y «La vida moderna» las primeras, y sería el concierto igual de potente.
Diego: Gracias. Coincides con Yago.
Yago: Claro, porque yo supongo que habrá gente arrastrada por otra gente que le ha convencido de ir en ese plan, gente que se sabe «La vida moderna». Posiblemente, si se la tocas la sexta, el resto del bolo estará en la barra; a eso es a lo que te arriesgas.
Veintiuno: También es verdad que, por ejemplo, es justo decir que «La ruina» o «Cabezabajo» son canciones que están alcanzando una dimensión muy grande ahora; han revivido mucho fruto de tocarlas y tal. Nosotros somos una banda, en ese sentido, como se nos ha dicho además, muy diésel. Somos una banda cuya escala se va desarrollando a medida que tocamos. Para mucha gente —y lo digo porque son manifestaciones que han hecho— somos una banda de pop a la que leen como una banda de pop; pero cuando ven el directo dicen: «Hostia, aquí había un grupo, había una banda a la que me interesa seguir», y entienden la dimensión de la canción tal y como nosotros la pensábamos. Entonces, ¿podríamos cerrar con «La ruina» o con «Cabezabajo»? Puede ser, no descartamos que suceda en el futuro.
Yago: Bajo mi prisma, creo que nosotros estamos aún en un proceso en el que tenemos que convencer. Teniendo en cuenta que «Dopamina» y «La vida moderna» son canciones que creo que son más grandes que la banda en sí, nuestra estrategia está siendo tocarlas de las últimas para que, durante todo ese proceso del bolo, podamos convencer a la gente; después ya les damos lo suyo y todos para casa.
Diego: En el Toledo Beat hubo un comentario que alcanzó cierta dimensión, no me acuerdo en qué red social, en el que un señor de cierta edad escribió: «Fui al Toledo Beat a ver a no me acuerdo quién y no me esperaba ver "La ruina"». Nosotros la escribimos muy contaminados por el Seventeen Going Under de Sam Fender, estábamos muy metidos en ese disco, pero hasta ahí nadie parecía haber señalado que el parecido estaba ahí. Nosotros a donde llegamos —como dice Yago— es convenciendo. Porcentualmente, una inmensa mayoría de la gente que conoce a la banda ha llegado por «Dopamina» y por «La vida moderna». Son canciones que tienen mucho de post-punk, que tienen mucho que ver con cierto tipo de grupos como The Cure que a nosotros nos flipan, pero la banda tiene otras cosas que ofrecer. Lo que estamos es dejándonos la vida en la carretera ofreciéndolo, y es más probable que la gente se quede si está esperando a grabarse el selfie en «La vida moderna», porque va a comerse todo lo demás.
Pepe: No estoy del todo de acuerdo con la idea de que las canciones más importantes son las últimas. Creo que depende mucho del show, de lo que tú generes y del ritmo que generes. Puede haber un show... Me acuerdo cuando estuvimos viendo Diego y yo a Twenty One Pilots; yo me quedé mucho más impactado con lo que pasaba en la mitad del concierto que con el final, porque el final ya te lo puedes conocer y puedes prever lo que pasa. De pronto, si te cambian algo, incluso las canciones compiten por lugares del principio y luego van bajando. Nuestras canciones, si vemos un setlist de enero y uno de julio, te aseguro que en el intermedio hay temas que van subiendo y bajando. Creo que ahí sí que compiten y que nuestro show está pensado no diciendo «esta es más importante, tiene que ir abajo», sino viendo si tiene el corpus y la energía para aportar a ese momento del show, ¿sabes? Creo que es así. Aun así, creo que el que más sabe de setlist es Yago, porque al final lucha mucho las posiciones.
Rafa: Hemos fantaseado muchas veces con quitar «Dopamina» y «La vida moderna» del setlist, pero creo que nos matarían si lo hiciéramos, la verdad.
El nuevo disco está lleno de versiones con amigos, pero hay dos que me han llamado la atención. Una es con vuestras amigas de Repion. ¿Cómo surgió ese junte?
Yago: A lo mejor son 10 años largos que las conocemos a las hermanas.
Diego: Y Marina ha cantado con nosotros diferentes temas. O sea, en una de las tres Rivieras del año pasado cantó «Dopamina». Lo que teníamos que encontrar era como un spot en el que nos las imagináramos. Es un privilegio tener colegas así, es que está muy guay, ¿sabes?
La otra es con Rufus T. Firefly, porque soy fan número uno y me parecen el mejor grupo que hay en España.
Diego: Rufus es una banda que para nosotros es seminal, en tanto que eran una referencia de lo que era montar una banda no siendo de Madrid. Ellos han tenido la sede en Aranjuez, han nacido en Aranjuez, se han desarrollado en Aranjuez y han hecho una carrera desde lo independiente que es admirable, de la que puedes aprender cosas. No puedes hacer la misma carrera que otro, desde luego, pero claro, queríamos ir a ellos con algo que les pudiese resultar estimulante. Era como: «La canción es esta, pero podéis hacer lo que queráis». «Vale, pues vamos a jugar».
¿Cómo es sobrevivir en esta industria? En el pasado habéis mencionado que sois una de las pocas bandas de vuestros inicios que siguen en pie.
Diego: Nosotros, por ejemplo, cuando empezamos circa 2012, tuvimos la oportunidad de telonear a una banda que nos flipaba y nos dejó abrir un bolo en Costello, que era Tuya. Hay muchas bandas que conocíamos y que siguen en pie, pero piensa que en los primeros años de esta banda estábamos todavía en el instituto o en la universidad y poníamos cada uno 5 pavos para tocar en Madrid. Venías en un coche, te habías gastado 20 en gasolina para ir y volver, y hemos tocado en El Perro, hemos tocado en lo que era Costello, hemos tocado en Siroco, en El Sol, en La Palma, en Galileo... Hemos tocado en todas las salas de pequeño y medio aforo de la ciudad, en todas. Entonces, en ese transcurso de tiempo has coincidido con muchísima peña. Era una exageración cuando dijimos lo de que se han ido quedando, porque te vas quedando. Es fácil fijarse en los dos o tres fenómenos al año que revientan, porque todos los años hay dos o tres cosas que revientan. Lo que tiene mucha menos visibilidad es la cantidad de gente que llega a un momento en el que no puede. Nosotros hemos podido profesionalizarnos y es increíble poder hacerlo; tenemos una buena vida de la música en este momento, pero lo normal es que no suceda.
En torno a vosotros, a Repion, a Carlos Ares, a Barry B, a Siloé, a Ultraligera y a Arde Bogotá, en los últimos cinco o seis años ha habido un boom de bandas nuevas de pop-rock alternativo. ¿Cómo lo vivís desde dentro?
Yago: Este año a lo mejor un poco menos que el año pasado.
Diego: El año pasado coincidíamos con los colegas todo el rato; este año un poco menos, sí. Paradójicamente estamos tocando más, pero por lo que sea... Lo hablaba el otro día con Surma: el año pasado nos cruzamos un montón y tocamos juntos y tal, y este año nos ha tocado menos. Somos una escena, claro, y es una escena que es líquida. Nosotros hemos conocido ya en directo a Love of Lesbian cuando eran enormes, o a Vetusta, o a Izal; y estamos creciendo en paralelo a artistas que son los que has mencionado, con los que hacemos escena, los conocemos y se hacen colegas. Seguramente en dos o tres años, de algunos de esos colegas se dirá: «Jo, es que están en todas partes». Bueno, pues a lo mejor, si alguien tiene suficiente perspectiva, verá que para que haya un cartel con 20 nombres tiene que haber tres headliners que tiren de los demás, que es para lo que sirve un headliner.
¿El circuito de salas está muriendo o no está muriendo? ¿Qué se puede hacer? ¿Cuán importante es?
Veintiuno: Cuando nosotros empezábamos y éramos una banda maquetera, ya se acababan los festivales porque se estaba muriendo el circuito de salas, porque no había salas. Cada dos años leo los mismos tuits de la misma gente haciendo la misma profecía para vender un libro, y me parece muy bien. Es verdad que hay síntomas, pero lo bueno que tienen las estadísticas es que tú puedes quedarte con... O sea, están las estadísticas y está la lectura de la estadística; tú puedes leer la estadística con cierto sesgo o con otro sesgo. Hay síntomas de crisis como en todo, igual que hay síntomas de rebeldía en otras cosas y en otros momentos. La escena de la música en directo existe, a la gente le gusta ver conciertos —gracias a Dios— y hay una cultura de música en directo. Luego hay músicas de moda, y a lo mejor lo que puede ocurrir es que nuestra música ahora se escuche un poco más y dentro de 10 años no se escuche, y probablemente corramos el riesgo en 10 años de decir: «Es que la gente ya no va a las salas», mientras luego vas a la sesión light de las 5 de la tarde y el género que está de moda está metiendo a 300 personas en la misma sala. Desgraciadamente esto no es una línea recta, la vida va cambiando. Pero hay microfestivales, macrofestivales, ciclos de conciertos... Y luego, como en todo, hay algunos que funcionan y otros que no.