RESURRECTION FEST 2026

Cuatro días para entender por qué el Resurrection Fest es mucho más que un festival

Hay festivales que se disfrutan y otros que se viven. Después de cuatro días en el Resurrection Fest 2026 entendí perfectamente por qué miles de personas cruzan media Europa para llegar cada verano hasta Viveiro. Lo curioso, en mi caso, es que siendo ourensana nunca había dado el paso de venir. Siempre estaba ahí, en mi tierra, casi al alcance de la mano, pero por una razón u otra lo había ido dejando. Este año decidí que era el momento y, sinceramente, no imaginaba la magnitud de lo que me esperaba.

Las cifras impresionan por sí solas. Cerca de 140.000 asistentes convirtieron Viveiro (Lugo), del 1 al 4 de julio, en la capital mundial del rock y el metal. Sin embargo, más allá de los números, lo que realmente me sorprendió fue el ambiente. Personas de decenas de nacionalidades compartiendo la misma pasión, familias enteras, fieles que llevan décadas siguiendo este festival y jóvenes que estaban viviendo su primer gran concierto. Todo ello en un rincón de Galicia que durante unos días se transforma sin perder su esencia y donde pudimos ver, dentro de sus cuatro escenarios, todos los "mini-Resurrections" que se pueden vivir.

Si hay algo que destacar en esta vigésimo primera edición del festival, es que las bandas veteranas siguen estando muy en forma. Cabezas de cartel que ya pasan los 50 años estuvieron a un nivel que muy pocos esperaban (yo al menos) y, como es el caso de Marilyn Manson, cabe destacar que lo suyo sí que ha sido una total resurrección a la altura de su famosa gira God, Guns and Goverment donde sin lugar a duda tocó techo. Esta mezcla de veteranía y sentimentalismo millenial es el equilibrio exacto por donde transitó el festival durante los cuatro días.

Día 1: Un bautizo por todo lo alto con Sabaton y A Day To Remember

El primer día ya dejó claro que el nivel iba a ser altísimo. La jornada arrancó con un cartel muy variado, donde también hubo tiempo para descubrir propuestas emergentes y disfrutar de escenarios como el Desert Stage antes de que la atención se concentrara en el Main Stage. Como decía anteriormente, una de grandezas del Resurrection es esta, que siempre hay algo interesante sonando, incluso cuando todavía falta el gran cabeza de cartel.

Uno de los conciertos que más disfruté fue el de Sabaton. La banda sueca demostró una vez más por qué es una referencia absoluta del power metal. Desde los primeros acordes, el público respondió con una energía contagiosa sobre todo en temas Ghost Division y, sobre todo, Primo Victoria.

La otra gran cita del miércoles fue A Day To Remember. Siempre me ha fascinado esa capacidad que tienen para mezclar la contundencia del metalcore con melodías pegadizas y momentos más etéreos sin que el resultado pierda personalidad. Había pogos y, apenas unos segundos después, toda esa energía desembocaba en miles de personas coreando al unísono. Un auténtico flipe que marcó el mejor comienzo posible para mi primer Resurrection.

Día 2: El reinado de Iron Maiden

El jueves fue probablemente el día más esperado para muchos. Yo no podía parar de fijarme (y a la vez resultarme entrañable) en melenas blancas ataviadas con camisetas negras de Eddie por todas partes.

Iron Maiden sigue siendo uno de esos nombres capaces de detener el tiempo. Resulta increíble comprobar cómo una banda con décadas de historia continúa llenando escenarios con la misma autoridad que siempre. Bruce Dickinson volvió a demostrar por qué es uno de los mejores frontman de la historia del heavy metal. Su presencia escénica, su energía y una voz que sigue sonando impresionante hicieron que cada tema fuera recibido como un auténtico himno. Desde el arranque con Murders in the Rue Morgue, quedó claro que la gira Run For Your Lives era un regalo para los seguidores más veteranos. Pero fue imposible no emocionarse con clásicos como The Number of the Beast, Run to the Hills, The Trooper o el broche final con Wasted Years. No importa cuántas veces hayas escuchado esas canciones; en directo adquieren una dimensión completamente distinta. Bestial.

Antes de ellos, descubrí por primera vez a The Funeral Portrait. Su propuesta mezcla rock alternativo, post-hardcore y ciertas reminiscencias emo consigue captar la atención desde el primer minuto. Fue uno de esos conciertos que me recordó la importancia de dejarse sorprender en un festival y no limitarse únicamente a los grandes cabezas de cartel.

También disfruté enormemente de Caliban, que descargó una auténtica tormenta de metalcore. Los alemanes no dieron tregua con temas como Paralyzed o VirUS desatando un auténtico caos en el Ritual Stage.

Día 3: Limp Bizkit y la nostalgia millenial

El sábado continuó elevando el listón. Trivium volvió a demostrar que se encuentra en uno de los mejores momentos de su carrera. Matt Heafy lideró un concierto técnicamente impecable que arrancó con Rain para, poco después, enlazar himnos como The Sin and the Sentence, Strife o la imprescindible In Waves. Lo que más me llamó la atención fue la naturalidad con la que alternan partes melódicas con explosiones (y lo digo de forma literal al ver las llamas que surgían del propio escenario), consiguiendo mantener al público totalmente entregado.

Después llegó uno de los momentos más divertidos del festival con Limp Bizkit. Es imposible permanecer quieta cuando empiezan a sonar temas como Break Stuff, Rollin' (Air Raid Vehicle), My Generation o My Way. Fred Durst sigue teniendo un magnetismo especial y la banda convirtió el recinto en una auténtica fiesta. Durante más de una hora pareció que todos regresábamos a principios de los años 2000. Había nostalgia, sí, pero también mucha diversión y una sensación permanente de estar disfrutando de una banda que sabe perfectamente cómo conectar con el público.

Otro de los conciertos que más esperaba para este día era el de Cavalera Conspiracy. Ver a los hermanos Cavalera interpretar Chaos A.D. de forma íntegra fue una experiencia difícil de describir. La contundencia de Refuse/Resist, Territory, Propaganda o Manifest hizo temblar literalmente el suelo. Más que un concierto, fue un viaje a uno de los discos más influyentes de trash metal, el álbum que cambió para siempre el sonido de Sepultura y abrió camino para muchas de las bandas que hoy llenan festivales como el Resurrection. Porque sin los Cavalera, muchas bandas de las que hoy disfrutamos jamás hubieran existido.

Día 4: Misa final con Marilyn Manson

El sábado llegó demasiado rápido, aunque todavía quedaban emociones fuertes. Converge ofreció uno de los directos más salvajes y viscerales de todo el Resurrection Fest. Temas como Concubine, Dark Horse o Love as Arson desataron el caos, con un Jacob Bannon absolutamente entregado y un público que respondió con la misma contundencia. Fue uno de esos conciertos que te recuerdan por qué Converge sigue siendo una referencia absoluta del hardcore y el metal extremo. La carpa del Chaos Stage parecía a punto de despegar.

Hasta que llegó Marilyn Manson. Era uno de los momentos más esperados del cartel. Más allá de la controversia que siempre rodea al artista, su presencia sobre el escenario continúa siendo impactante. Con una puesta en escena oscura y teatral, interpretó algunos de los temas más emblemáticos de su carrera, como The Beautiful People, Sweet Dreams (Are Made of This) o mOBSCENE. Fue un cierre impactante para un festival que no dejó de sorprender desde el primer hasta el último minuto. Sobre todo, por las especulaciones del público ya que muchos no tenían claro que si a estas alturas de la gira el artista llegaría con plenas facultades. La realidad, muy distinta, un Manson al mismo nivel que cuando giraba con John 5, Ginger Fish, Gacy y Ramírez.

Pero si hay algo que terminó de dar sentido a estos cuatro días fue compartirlos con amigos. Los conciertos son impresionantes, los escenarios abruman y el cartel habla por sí solo, pero vivir todo eso rodeada de personas con las que compartes la misma pasión multiplica cada emoción. Los viajes de un escenario a otro, las conversaciones eternas después de cada actuación, las risas, los momentos de descanso y esa complicidad que solo se crea tras varios días de festival hicieron que la experiencia fuera todavía más especial. Al final, el Resurrection Fest también va de eso: de crear recuerdos con quienes tienes al lado y descubrir que la música es una excusa perfecta para fortalecer amistades.

Cuando abandoné Viveiro tuve la sensación de haber entendido algo que antes solo conocía de oídas. El Resurrection Fest no es únicamente una sucesión de conciertos; es una experiencia colectiva donde la música sirve como punto de encuentro para personas completamente diferentes. Como gallega, me emocionó comprobar cómo un pequeño rincón de nuestra costa puede convertirse durante cuatro días en el centro neurálgico del rock y el metal internacional. Regresé con la certeza de que había tardado demasiado en venir y con la sensación de que esta primera vez difícilmente será la última.

Resurrection Fest 2027, estoy preparada.