VALLA
¿El mítico Náutico de San Vicente está muriendo de éxito? Toman una dura decisión que cambia por completo los conciertos
Este pequeño chiringuito en O Grove en Galicia es la meca de la música para mucha gente y con los años se ha ido volviendo tan viral que en Agosto están completamente desbordados. Por eso la dirección del lugar se ha visto obligada a poner una vaya que tapa la vista desde la playa, una nueva fórmula que estrenó uno de los fijos del lugar, Iván Ferreiro.
Hay lugares que adquieren un estatus único y legendario en la música, como es el caso del Náutico de San Vicente. Lo que empezó como un chiringuito en la playa de A Barrosa, en la localidad pontevedresa de O Grove, se ha terminado convirtiendo con los años en un auténtico templo de la música en España.
Es un lugar de peregrinaje para miles de melómanos y un refugio costero en el que, desde hace décadas, tocan por sorpresa algunos de los mejores artistas de nuestro país: desde Iván Ferreiro, Jorge Drexler o Coque Malla, hasta Leiva, Xoel López, Viva Suecia y prácticamente todo el indie patrio. Todo ello en un formato íntimo para aforos entre las 150 y 500 personas.
Sin embargo, tras la pandemia y con el auge desmedido de las redes sociales, este secret spot —como ha ocurrido con tantos otros rincones especiales— ha dejado de ser tan secreto. A esto se le suma que cada vez más gente decide veranear en el norte, convirtiendo a Galicia en un destino refugio ideal durante el verano, lo que empuja a que muchísima más gente que está por la zona quiera acercarse a vivir la experiencia de El Náutico.
Hablamos de un sitio con un funcionamiento muy particular: solo puedes conseguir entradas cuando salen a la venta a través de su página web (donde vuelan en cuestión de segundos) y jamás anuncian con antelación el cartel de los conciertos que tendrán cada verano. Además, tradicionalmente los directos se podían seguir de forma gratuita y abierta desde la propia playa. Algo que este mes de agosto han tenido que cambiar, instalando una valla con una lona opaca de color negro para bloquear la visión y limitar el sonido exterior. Estrenaron esta medida a mediados de mes en plena quincena de máxima afluencia, coincidiendo con actuacions de Iván Ferreiro y tras la multitudinaria de Viva Suecia.
Ante la avalancha de comentarios en redes sociales, los artículos de prensa preguntándose si el local había "muerto de éxito" y los vídeos de creadores de contenido analizando la situación, ha salido el propio Miguel de la Cierva, propietario y alma máter de El Náutico, a aclarar la situación mediante un comunicado para explicar qué está pasando realmente.
De la Cierva insiste en que no hay ninguna intención de cerrar las puertas al público de la playa por principio: "Me encanta que la gente que no tenga entrada pueda ver y escuchar conciertos desde la playa. Lo hemos hecho siempre aunque no se hayan vendido todas las entradas".
La explicación detrás de la polémica lona negra responde, según detalla, a un problema estricto de seguridad derivado del enorme volumen de gente que se llega a concentrar en la arena: "La decisión de tapar la valla es porque determinados artistas pueden atraer a más de 5000 personas para verlo desde la playa, y este año coincidieron varios en esos días de más afluencia, 15 y 17 de agosto". A esta cifra inasumible para un espacio natural tan acotado se le sumó además la marea: "La pleamar era justo a las horas del concierto. Si sumamos miles de personas a la gente que ya había en la playa, sería realmente problemático".
No es, de hecho, la primera vez que El Náutico se ve obligado a tomar medidas drásticas. En el verano de 2020, tras un concierto sorpresa de Iván Ferreiro que colapsó el arenal, la Guardia Civil tuvo que intervenir por motivos de seguridad, obligando a instalar un vallado similar de manera preventiva.
Pese a las críticas de quienes tildan la valla de "antiestética", de la Cierva se muestra satisfecho con el resultado de la intervención en los días más críticos del verano: "Estoy muy contento de lo bien que ha funcionado la medida y la mantendremos cuando la estimemos oportuna, pero mi intención es poder dar opción a la gente de escuchar y ver los conciertos desde la playa cuando se pueda". Y añade un pensamiento sobre quién se queda fuera en estas situaciones: "Muchas veces entre los de fuera están seguidores fieles del artista que se saben todas las canciones y me encantaría que hubieran sido ellos los primeros en conseguir entrada".
El propietario también ha querido matizar el misterio que rodea a su programación, desmintiendo que se trate de un secreto calculado o de una estrategia de marketing: "Insisto una vez más en que la programación no es secreta. La gran mayoría de los grupos sí anuncian de manera pública o privada en sus grupos de seguidores, mientras que El Náutico no lo comunica. Se trata de preferencia de acceso a los verdaderos seguidores".
Según aclara, que un gran artista no anuncie abiertamente que va a tocar en O Grove suele responder a razones muy concretas de la industria o de comodidad personal: "Tiene una cláusula de exclusividad porque toca después en un festival o ciclo y no se debe perjudicar al promotor; tiene demasiada capacidad de convocatoria; o no le apetece".
A esta gestión del aforo se le une su permanente batalla por mantener el respeto y la calidad del sonido durante los shows. Su célebre lema de pedir silencio —animando al público a venir "hablado de casa"— no busca prohibir la interacción social, sino proteger la experiencia del concierto: "Insisto en que se puede venir a los conciertos a hablar y esto es perfectamente compatible con respetar a los que vienen a escuchar y al artista. Hay espacio suficiente entre la barra y la entrada para hablar, dejando todo el frontal y lateral del escenario para una escucha óptima, libre de gallineo".
A pesar de los roces y el ruido mediático que genera la masificación, Miguel de la Cierva hace un balance positivo del ambiente que se sigue respirando: "También estoy contento porque ya vemos que ha mejorado mucho y muchos ya lo están agradeciendo. Queda mucho, pero se está consiguiendo. Estoy muy contento y muy agradecido por la respuesta del público a esta programación. Por supuesto también a todo mi equipo y a los artistas tan generosos en contribuir a que en este rincón pasen tantas cosas bonitas".
El próximo año, el proyecto celebrará una cifra redonda en una trayectoria que ha marcado a la música en directo de nuestro país: «El año que viene hago 35 años trabajando en este sueño y ya celebro con impaciencia y una ilusión infinita los nuevos proyectos que vamos a presentaros».
Respecto a las voces críticas o a la presión que genera ser un fenómeno viral en internet, el fundador del espacio se muestra tajante y fiel a su manera de entender el negocio y la vida: "No quiero ni podría agradar a todo el mundo y menos a los que solo buscan dañar. Yo solo soy uno más que vive su vida a su manera, lleva su negocio a su manera y opina a su manera. No me meto en cómo quieren vivir los demás. En la vida es inevitable interactuar con gente mala. Yo creo que uno solo puede estar atento para evitarlos a tiempo y alejarse. Amo este lugar, amo a mi gente y amo la música desde dentro. Amo mi trabajo. Me hace feliz ver felicidad en los que vienen a disfrutar. Si no te gusta, habrá mil otros sitios donde puedas ser feliz".
A la luz de sus palabras, parece claro que los conciertos se podrán seguir disfrutando desde la playa en la gran mayoría de las ocasiones y que este tipo de vallado solo se instalará en fechas y momentos muy puntuales, cuando citas especialmente masivas o la propia marea hagan que la situación en A Barrosa vuelva a ser peligrosa. Esperemos que lugares con tanta alma y magia como El Náutico de San Vicente sigan vivos durante muchos años y que consigan no sucumbir del todo a la gentrificación, las redes sociales y las modas de paso.