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CASI 300 ANIMALES ACOGIDOS POR EL PROYECTO WINGS OF HEART

Así es el día a día en un santuario de animales que fueron maltratados

Visitamos Wings of Heart, un santuario madrileño donde viven felices casi 300 animales que han sido víctimas de la explotación y el maltrato.

Laura con un cerdo Tras los muros

Evaristo, Rayo, Carmen, Parchís, Barbosa…

Laura Luengo y Edu Terrer, fundadores del santuario Wings of Heart, se saben de memoria los nombres de los casi 300 animales que viven en este idílico rincón de la sierra madrileña. Incluso los de las más de 60 ovejas que acuden a su encuentro, con una alegría desbordante, a medida que nos acercamos a ellas. "Ten en cuenta que cada una tiene una historia muy dura, y hemos ido personalmente a rescatar a muchas de ellas", explica Edu mientras las saluda, una a una, con efusividad. "¿Cómo no me iba a saber sus nombres?".

Y es que Wings of Heart es un lugar especial. Aquí llegan animales que han sido víctimas de la explotación y el maltrato, y que no son considerados más que productos de consumo para la gran mayoría de la sociedad. Porque la gente vería en Evaristo, Rayo, Carmen, Parchís o Barbosa una cabra, un jabalí, una oca y un cerdo. Pero para Laura y Edu son individuos que tienen derecho a una vida digna y sin miedo. Una vida en la que los humanos no son una amenaza, sino sus cuidadores y amigos.

Cabras en libertad | Tras los muros

Esa ausencia de miedo en los habitantes del santuario es, precisamente, lo primero que llama la atención cuando uno cruza el umbral de Wings of Heart. Los animales no huyen de nosotros, sino que se acercan con curiosidad o en una actitud cariñosa que muchos identificarían con la de un perro o un gato. Y, en un instante, uno se ve rodeado de caballos, cabras, patos y jabalíes que pugnan por una caricia o porque les rasques la barriga. Ni rastro de hostilidad. Ni hacia nosotros, ni entre ellos.

Un vacío legal

Existen una decena de santuarios de animales repartidos por toda la geografía española. Una figura que no cuenta con reconocimiento legal, por lo que sobre el papel se considera una explotación ganadera o un núcleo zoológico. Eso genera situaciones absurdas, como constantes controles enfocados a que las condiciones de los animales sean las óptimas para que su carne acabe en un plato, algo que nunca llegará a suceder.

También, interminables laberintos legales con la administración o los ganaderos, a los que como es lógico no les gusta la idea de que existan lugares como este. De hecho, a escasos metros de Wings of Heart, separado por una cerca, hay una explotación de vacas cuyos trabajadores nos miran con curiosidad.

"Deben pensar que somos unos hippies locos, o marcianos ", bromea Laura. El contraste es brutal: a un lado de la valla, vacas que morirán de viejas. Al otro, otras que irán a parar al matadero en cuestión de días.

Laura con un jabalí | Tras los muros

Sacar adelante un lugar como este no es fácil. Laura y Edu se levantan a las 7.30 y no paran de trabajar en todo el día. "Es un trabajo muy físico", apunta Laura. Quizá, por ello, y aunque tienen voluntarios que prestan tres días al mes a la causa, no todo el mundo aguanta un ritmo como el que imprimen los habitantes del santuario.

"Hay quien viene pensando en encontrarse a sí mismos. Y está muy bien. Pero aquí lo que necesitamos son manos para currar. Porque hay mucho, mucho curro".

Caballos moribundos o cordero paralítico

Parte de ese trabajo consiste en dar difusión a la labor que se hace desde el santuario. Las redes sociales son uno de los más potentes aliados de Wings of Heart: sólo en Facebook tienen más de 320.000 seguidores, que se suman a los 22.300 de Instagram y casi 9.000 en Instagram. Gente que se emociona al ver sus vídeos salvando la vida a un caballo moribundo, ayudando a moverse a un cordero paralítico o, simplemente, contando los avatares del día a día en el santuario.

"A veces no sé qué subir", reconoce Edu con una sonrisa.

Santuario de animales | Tras los muros

Esa labor de comunicación es clave para la supervivencia de Wings of Heart. Y es que el santuario se financia única y exclusivamente a base de donaciones de sus socios. Los gastos no son pocos: entre comida, alquiler de las instalaciones y veterinario, suelen rondar los 8.000 euros mensuales de media, que se disparan en caso de que algún animal sufra algún percance grave.

"Hay gente, incluso dentro del mundo de la defensa de los animales, que no entiende que nos dejemos la piel y el dinero con animales que están en condiciones lamentables cuando podríamos dedicarnos a salvar a otros. Pero esa es nuestra manera de entender esta lucha".

La historia de un cordero ciego

Los resultados se plasman en historias como la de Manu, un potrillo que llegó con una pierna rota y que ya no servía para correr. Trasgu, un cordero ciego que fue arrojado a los lobos como alimento, o Carmen, una vaca que dio positivo en tuberculosis a la que han salvado in extremis de ser sacrificada, y que ahora está en cuarentena en el propio santuario.

Edu con un toro | Tras los muros

De cara al futuro, Laura y Edu buscan una nueva ubicación para el santuario: el terreno actual se ha quedado pequeño, por lo que no pueden seguir acogiendo a nuevos habitantes. Sea donde sea que terminen, una cosa está clara: vivirán, hasta el final de sus días, sin temor a que ningún ser humano les haga daño.

Felices, libres y seguros.

Como, al fin y al cabo, nos gusta vivir a todos.

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