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Hablamos con la directora de 'Carmen y Lola'

La película sobre el amor entre dos gitanas lesbianas que nadie quería protagonizar

A pocos días de estrenarse, la Asociación de Gitanas Feministas llamó al boicot contra la película 'Carmen y Lola'. La consideraban una película comercial, superficial y paya. Acusaron a la directora, Arantxa Echevarría, de hablar de algo que desconocía, una cuestión tan delicada como el amor de dos lesbianas gitanas de 16 años. Hablamos con la realizadora sobre la polémica.

Carmen y Lola Super 8 Distribución

Sin embargo, cuando este y otros colectivos vieron la película tuvieron que callar. 'Carmen y Lola' es una película que te arrolla a base de verdad y humildad. Te engatusa con una narración ultra-realista, te hace amar a sus protagonistas, y cuando más desprevenido estás: te da el mazazo, porque te sumerge en la realidad de la mujer gitana, y te hace cómplice de sus pasiones y de sus opciones.

¿Opciones? Cero. Es una historia de amor sumergida en una cultura que equipara ser lesbiana con una posesión demoníaca; y una ley, que no permite discusión al respecto.

Arantxa Echevarría luchó durante dos años contra todo y contra todos para sacarla adelante. Ninguna cadena poderosa ni productora influyente quiso producirla. Todo fueron buenas palabras y gestos de extrañeza: ¿una película sobre gitanas lesbianas? Ni de coña…

Tampoco encontrar actrices fue fácil. De hecho, era imposible. Arantxa tenía claro que no quería contar con rostros conocidos. Porque no hay actores conocidos en España que sean gitanos, y porque eso haría que la peli fuera menos real. Buscaba un tono casi documental, de inmenso realismo, y para eso necesitaba sumergirse en el ambiente gitano y buscar a sus actores “naturales”.

Que esta película exista va contra la naturaleza de la industria: pero el milagro ocurrió

“Lo único que podía hacer era meterme en su mundo, fui a sus comunidades, estuve en mercadillos, en barrios gitanos, me acerqué a cultos.... Allí me presentaba, les explicaba que soy directora de cine y que quería hacer una película sobre el mundo gitano. Siempre dije de qué iba la película, porque no quería sorpresas ni problemas. Y generalmente me decían que estaba loca, y no parecía gustarles que yo, siendo paya, quisiera contar esa historia. Me decían que eso no pasa en el mundo gitano, que ahí no hay lesbianas, que eso solo pasa en el mundo payo...”.

Aunque el guión ganó el premio de la SGAE antes de que la peli fuera rodada, eso no impidió que la directora metiera tijera. Esta labor de investigación y búsqueda de actores se convirtió en una re-escritura, donde se modificaron 50% de los diálogos.

“En la sala de casting estuve 6 meses, a todas horas, para que durante ese tiempo se acercara quien quisiera y cuando quisiera. Con cada persona estuve una hora (o hora y media), muchísimo más que en un casting normal, porque dedicamos ese tiempo a conversar y hablar sobre los personajes, esto me sirvió para construir frases y profundizar en el punto de vista de todos ellos. En total fueron más de 1.000 personas de etnia gitana que se acercaron para conversar y participar en el casting. Las frases que reescribimos gracias a ellos son el corazón de la peli”.

Las dos protagonistas de la película, Carmen y Lola, se llaman Zaida Morales y Rosy Rodríguez. La primera estaba estudiando para ser esteticien cuando se inició el rodaje y Rosy estaba intentando quedarse embarazada.

“Zaida fue la octava persona que pisó el casting (de mil), lo que me dejó alucinada. Ella pidió permiso a su abuelo, que no puso impedimento. Pero el resto fue más complejo, porque claro: una chica gitana de 15 años, con esa mirada limpia del personaje de Carmen… era muy difícil. Cuando intentaba una segunda cita de casting con alguna gitana, y le explicaba que sería para hacer el papel de protagonista, era cuando surgían los problemas, porque decían que eso les daría problemas y no podrían casarse y tener una vida normal si hacían la peli".

"Todos querían papeles pequeños, nada de protagonistas. Y las que decían que sí, luego sus familias lo impedían. Hasta que llegamos a pensar que la peli no se haría, que habría que disolver el proyecto. Y Rosy llegó, fue la persona 875 del casting… Es una tia muy valiente, se lo preguntó a su marido, Marcos, y él no vio problema. Trabajar con ellas fue un regalo”.

Durante el rodaje nadie del equipo tenía muy claro si la película se vería en cines o quedaría en un cajón. Es lo que pasa con los proyectos indies más humildes, cuando no tienen el empujón de las cadenas y van sin la carga de vitaminas grandes productoras y distribuidoras. En estas condiciones, que la película llegue al público es más cuestión de pedir un deseo a una estrella fugaz que de justicia de mercado, pero así es. Y cuando la película se rodó, Cannes la seleccionó. Subidón y justicia poética, que deberían aplaudir todos aquellos que dijeron NO a Arantxa, y no me refiero a los gitanos que vieron que esta película era una locura, sino a los altos directivos de cadenas y productoras que le dieron una palmadita en la espalda cuando ella trató de explicarles el proyecto: si logras hacer esta peli será un milagro, le dijeron. Pues bien, lo consiguió, y fue a Cannes.

Zaida y Rosy no sabían que era Cannes. Puede que la inmensa mayoría de los españoles tampoco tenga muy claro que ir allí con una película es lo más de lo más. Incluso más que ser nominado al Oscar, porque Cannes es de verdad, es cine en mayúsculas. Cuando Arantxa intentaba poner un ejemplo a Zaida y Rosy sobre qué significa ir a este festival, les dijo “Es como ir a Eurovisión, pero de cine”, a lo que ellas respondieron: “¡Bah! ¡Qué horterada!”. Cuando llegaron a Cannes comprobaron en su propia piel, por fin, que habían hecho algo importante en su vida, algo “bien hecho”, algo que a la gente le gusta. Les pedían autógrafos, y ellas eran el centro de todo.

Meses antes del estreno, la película sufrió el boicot de la Asociación de Gitanas Feministas porque, a raíz del tráiler, se quejaron de que la película fomentaba el estereotipo sobre los gitanos y que sacaba de contexto de forma superficial la situación de la mujer gitana. Sin embargo, cuando la película se estrenó, y lo hizo por todo lo alto: con 10 cines en Madrid, nadie puso ninguna pega.

“Está siendo muy emocionante recibir comentarios de los propios gitanos, los leemos en redes sociales, a los perfiles de la película llegan continuamente mensajes de gitanas lesbianas y gitanos homosexuales que nos agradecen haber retratado su mundo, y nos explican que para ellos ha sido importante verse representados en una película. Ese comienzo de estreno que empezó tan mal, se dio la vuelta completamente”, finaliza la realizadora.

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