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¿Hacer un trío con tu pareja es algo positivo o negativo?

Los tríos son una de las fantasías sexuales más comunes. Introducir a una tercera persona para hacer un trío requiere autoestima y seguridad en la relación de pareja.

Trío iStock

El éxito haciendo un trío con tu pareja depende de muchos factores, y sobre todo, de lo que entiendas por "éxito". Los tríos son como los orgasmos, que no hay dos iguales, y hay tríos que hasta pueden acabar sin llegar al orgasmo ni disfrutarlos. También pueden ser muy buenos, pero como casi cualquier relación sexual, deben alinearse muchos astros para que la realidad no nos meta doblada esa fantasía imaginada. Porque para qué nos vamos a engañar, los tríos están sobrevalorados de tanto imaginarlos, verlos perfectamente sincronizados en el porno y soñarlos.

Sobra decir que, a la hora de hacer un trío, la premisa básica es que todas las partes estén de acuerdo en llevarlo a cabo y sentir de verdad esa apetencia. Que no sea para arreglar una relación que va mal o ya está rota. Que tampoco sea por "compromiso" para satisfacer a la pareja. Y, lamentablemente, esto es mucho más habitual de lo que pueda parecer, sobre todo, siendo las chicas quienes ceden a las apetencias e insistencias de sus novios y maridos.

Punto número uno: haz el trío solamente si te apetece. Es fácil decirlo, pero cuando una persona se ve envuelta en este dilema de hacer o no hacer un trío con la pareja, puede aceptar por sentimientos, por no echar a perder la relación, para que "el otro disfrute porque es lo que le apetece", e incluso autoengañarse creyendo que le apetece cuando la realidad no es así. Esto requiere un gran ejercicio de sinceridad propia. Las consecuencias de hacer un trío sin desearlo pueden ser nefastas, tanto para la relación de pareja como para la salud mental de la parte de la pareja que ha hecho el trío "obligada". ¿Quién se va a excitar haciendo un trío sin más fin que complacer al otro o a la otra? Si eres chica, aún lo puedes disimular mejor, pero si eres chico, es evidente que la desgana, tensión y/o malestar, se reflejará en una flojera de pene más grande que una pena. Una forma de actuar nada recomendada. Ceder a un trío sin ganas, ya sin entrar en situaciones de chantaje emocional u otros tipos de violencias en pareja, no tiene cabida en lo que se entiende por placer sexual compartido con terceras personas ni en pareja. Y si tu compañero/a te coacciona física o psicológicamente, le da igual lo que sientas y/o te utiliza para acceder a este tipo de encuentros sexuales, claramente, no puede salir nada positivo. Ni del trío ni de la pareja.

Punto número dos: mientras tengas dudas en si quieres hacer un trío o no, es "no". Esto es como cuando te ponen una paella en un bar de Madrid y te preguntan si te ha gustado. Si te cuesta responder afirmativamente, es que no te ha gustado, no hay que darle más vueltas. Pero, claro, a veces cuesta reconocerlo por temor a no quedar bien o despertar una situación incómoda. El problema no es que salga mal un trío, sino que lo hayas hecho sin realmente haberte apetecido. Es necesaria mucha reflexión, realismo y sinceridad sin condicionantes externos para no entrar en un bucle de dilemas existenciales por unas hipotéticas relaciones sexuales.

Punto número tres: solo un "me apetece un montón hacer un trío" por ambas partes da más puntos para garantizar el éxito de un trío, porque el consentimiento real, con verdadera convicción y apetencia mutua son cuestiones fundamentales. Es la situación idílica y la única que debería contar. Donde las ganas y la complicidad estén por encima de las inseguridades, los celos o la aversión a incluir a terceras personas en el sexo en pareja. Es básica la comunicación previa y el acuerdo de prácticas que apetezcan a cada cual y cuáles no para evitar situaciones incómodas, así como establecer la confianza y seguridad para pararlo si uno de los dos (o la otra persona) no lo está disfrutando y no quiere seguir. Porque puede darse que la doble penetración o ver a tu chico con otra no te esté gustando tanto como cuando lo imaginaste. Esa tercera persona involucrada juega un papel importante; quién es, de dónde ha salido, qué le apetece hacer, dónde lo hacemos y cómo nos lo montamos, porque estos pequeños detalles también pueden condicionar que el trío salga bien o sea una castaña del tamaño de Rusia. No es lo mismo montar una fiesta a tres con un chico conocido por Tinder o en una página de contactos para tal caso, que con un amigo del gimnasio o compañera de trabajo con más vínculos sociales y personales que el simple encuentro sexual "y si te he visto, no me acuerdo". O sí. ¿Quién no conoce a grandes amistades que hayan surgido de un buen trío siendo absolutos desconocidos?

Qué sería de la vida sin pasar por estos buenos momentos: por los deseados.

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