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El origen de la siesta: ¿es realmente una costumbre típicamente española?

La imagen de España en el extranjero está irremediablemente ligada al descanso después del almuerzo. Sin embargo, la siesta no es un invento nacional ni responde exclusivamente a una cuestión de pereza cultural. Se trata de una necesidad biológica que hunde sus raíces en la historia del derecho canónico y en los ritmos circadianos de nuestra especie.

Imagen de una mujer echándose la siestaFreepik

La palabra "siesta" proviene del latín sexta. En el mundo romano, y posteriormente en las reglas monásticas medievales, la hora sexta correspondía a la sexta hora del día contando desde el amanecer, que coincide con el mediodía solar. Era el momento de mayor calor, cuando el sol está en su punto más alto y el trabajo físico se vuelve peligroso o ineficiente. Por ello, se establecía un periodo de reposo obligatorio para recuperar fuerzas.

Desde una perspectiva biológica, el ser humano es un animal rítmico. Entre las ocho y las doce horas después de habernos despertado, nuestro cuerpo experimenta un descenso natural en la temperatura corporal y una disminución de la alerta. Es lo que los científicos llaman la "caída postprandial". Aunque solemos culpar a la digestión de la somnolencia tras la comida, este bajón de energía ocurriría de igual forma incluso si no hubiéramos ingerido alimentos, debido a nuestro reloj biológico.

A pesar de la fama, los datos muestran que los españoles no son los que más duermen la siesta en Europa. Países con climas extremadamente calurosos en Asia o el Mediterráneo comparten tradiciones similares por pura supervivencia climática. En las últimas décadas, el ritmo de vida urbano y las jornadas laborales partidas han dificultado esta práctica en España, desplazándola principalmente a los fines de semana o a las vacaciones de verano.

Curiosamente, mientras en el sur de Europa la siesta ha perdido terreno, en los entornos corporativos de Japón y Estados Unidos está ganando adeptos bajo el nombre de power nap. Se ha demostrado que descansos breves de entre 15 y 20 minutos mejoran la productividad, la memoria y el estado de ánimo. Lo que nació como una medida para evitar el sol abrasador se ha convertido hoy en una herramienta de optimización neurológica avalada por la ciencia moderna.

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