UN SUEÑO, DOS SUEÑOS
Intentar conciliar el sueño mientras haces doomscrolling por TikTok o lees un libro que te aburre un poco son cuestiones muy modernas. Sin embargo, tiempo atrás, los humanos tenían otras actividades para el periodo nocturno.
Es muy raro vivir a oscuras en tiempos modernos. Cuando sucede, lo señalamos como lo que es: una crisis y un fracaso a nivel de sociedad. Lo tomamos como algo insólito, pero durante la mayor parte de nuestra historia, cuando caía la noche, los humanos estábamos mucho más limitados. No hace tanto que existe la electricidad para iluminar de forma constante las ciudades, y durante bastante tiempo tampoco existían las velas. El fuego era el único amigo frente al eterno vacío, y es con esto que empieza todo. Un humano, una hoguera y la necesidad de hacer algo más allá de dormir.
Porque, sin luz, las noches solo admitían una cosa: encontrar refugio en un árbol alto o una cueva y quedarte muy quietecito para evitar ser pasto de las hienas u otros depredadores que moraban en la oscuridad. Éramos, sencillamente, una presa más. El fuego permitió crear un área de seguridad a la que no se acercaban los animales cazadores. Fuera de ese perímetro, morías. Dentro, no solo estabas seguro, sino que además ganabas horas extra para hacer más cosas durante la jornada. Y es ahí que algo hizo click: las conversaciones cambiaron de tema, pasando de lo puramente práctico a lo ensoñador. Historias, mitos, lecciones, bromas… la hoguera se convirtió en el primer gran punto de reunión puramente social en el que los humanos miraban más allá.
Sin embargo, hay un detalle extra que los historiadores descubrieron en las últimas décadas: antiguamente se dormía dos veces. En vez de tener 8 horas seguidas de sueño como en la época industrial en la que el trabajo domina todo, se dormía 4 horas al ponerse el sol, luego había un periodo de unas 2 horas despierto y finalmente se volvía a dormir 2 horas. En ese intermedio daba tiempo para todo, desde visitar a los vecinos hasta concebir hijos o dedicarse a escribir. Las luces artificiales mataron ese periodo meditativo, un momento en el que estamos conscientes pero conectados de otro modo. Algo escrito en nuestro propio cuerpo, pero a lo que ya no tenemos acceso por culpa del avance de la tecnología. Así que, si sufres insomnia y te despiertas de repente a las 2 de la mañana, tranquilidad: igual eres mucho más humano de lo que imaginas.