CHINCHA RABIÑA

Se pasó años construyendo su castillo y se lo expropiaron antes de estrenarlo

El tema de la vivienda afecta a todo el mundo a lo largo de la historia. ¡Hasta a los nobles de antaño! ¿Te imaginas pasar años construyendo tu propio castillo para al final ni siquiera poder poner un pie en su interior?

Castillo de Giuliamar. Pixabay

El lugar es Nápoles y el objeto de estudio es un castillo. Nos situamos en Italia, en tiempos de guerra, cuando un noble decide que es buen momento para lanzarse a construir un castillo. Tenía uno antes, pero cree que puede mejorarlo y se lanza a ello contratando a los arquitectos y constructores correspondientes. "Nápoles era un territorio por el que diferentes potencias luchaban constantemente. Tenías a los franceses, al Papado, a los sicilianos, tenías a un montón de gente diferente. Siempre estaban peleando aquí" explica este youtuber.

"Y entonces, cuando el Rey de Sicilia intentaba establecer un nuevo centro de poder, se suponía que ese iba a ser su palacio y también su castillo, su gran obra. Así que en 1279, van y construyen esta cosa, y se construye en solo tres años. Llega como a 1282, lo cual es impresionante para empezar, porque es un tiempo rapidísimo para un castillo". Completar esto en tan solo tres años es peculiar. En lo referido a construir un castillo, se trata de muy poco tiempo, especialmente para la época. En lo referido a geopolítica, las cosas pueden cambiar muy rápido en ese tiempo, se pueden sentir como tres décadas. Y eso es lo que pasó.

"Al mismo tiempo que se está construyendo este castillo, estalla una guerra, que es la Guerra de las Vísperas Sicilianas, que para empezar tiene un nombre graciosísimo, pero fue básicamente un todos contra todos entre diferentes potencias por ver quién se quedaba finalmente con el control de Sicilia. Y la Casa de Anjou perdió. Esa es la cuestión. Así que, como resultado de eso, fueron los nuevos que tomaron el control los que se hicieron cargo del castillo. Y el mismo año que el nuevo rey toma el mando, es el mismo año en que el viejo muere. Así que nunca llegó a vivir en su nuevo y reluciente castillo". O, como dice el refrán, nadar y nadar para morir en la orilla.