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¿Por qué las sillas de oficina tienen cinco patas, y no cuatro?

El diseño de una silla parece algo totalmente solucionado. Se puede innovar en los materiales, en el respaldo, en la altura… pero toda silla cuenta con la misma estructura, incluidas sus cuatro patas. Espera, ¿entonces por qué las de oficina tienen cinco?

DespachoPixabay

Si te pido que dibujes una silla, es muy probable que el resultado final sea muy parecido al de otras personas. Es igualmente probable que dibujes una silla con cuatro patas, dado que eso es el estándar. Las sillas tienen cuatro patas, como los gatos o los elefantes. Sin embargo, existe un tipo de silla que tiene cinco patas. Se trata de las sillas de oficina, que cuentan desde hace décadas con ese diseño tan especial: un palo vertical que, en su base, se divide en cinco ramas diferentes. ¿A qué se debe? ¿Es mejor? ¿Por qué parar en cinco y no subir hasta seis patas? ¿Deberían tener todas las sillas cinco patas y no cuatro?

En el vídeo podéis ver un repaso a la historia de la silla. Existen modelos con una sola pata, populares para ordeñar vacas. Al llevarla encima y poder usarla en cualquier parte, se creaba una estructura muy sólida junto a las dos piernas. De hecho, tres es el mínimo de patas necesarias y un número también común en los taburetes. Resumiendo mucho, el mínimo de patas que se necesita para conseguir una estructura estable es igual al número de dimensiones en las que se trabaja. A cada nueva dimensión se añade una nueva dirección en la que caer, generando una nueva necesidad de pata extra para sostenerse. ¿Fácil, verdad?

¿Entonces por qué usamos sillas con cuatro patas? No es una cuestión de estructura mínima, sino de reducir la posibilidad de desestabilizarse. Con tres patas, es fácil salirse del centro de gravedad. Con cuatro patas, es más difícil. Con ese salto se gana el mayor porcentaje de estabilidad, que es menor si subimos a cinco o seis patas. De hecho, en esos casos se gana más material que estabilidad, por lo que no es la mejor opción para hacer negocio. Por tanto, cuatro se ha quedado como el número estándar.

"¡Pero las sillas de oficina tienen cinco! ¡Por eso he hecho click!" Efectivamente. Durante el siglo XX, con el auge de trabajos de oficina, surge la necesidad entre los empresarios de encontrar sillas más cómodas que permitan a sus empleados trabajar más tiempo con menos descansos. Tras mucha investigación se llega a la conclusión de que poder reclinarse y ajustar la altura de la silla son dos cuestiones esenciales para lograr ese objetivo. ¿Has probado a reclinarte en una silla de cuatro patas? Difícil, ¿verdad? Además, si bambolea, es incómodo porque bambolea sobre su centro de gravedad. Con cinco patas, eso se soluciona, siendo de paso el mínimo de masa con el máximo de estabilidad en una estructura tan particular como la de una silla.

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